LA TRAMPA PERFECTA. CAPÍTULO 47. Una conversación privada
—¡Es que no tengo un maldito día de respiro, ni uno! —exclamó Rufus Vanderwood mientras Ranger se acercaba corriendo—. ¡Tengo cinco varones, maldición, varones! ¡Si hubieran sido cinco mujeres me habrían dado menos dolores de cabeza!
Estaba tan furioso y tan molesto que fue cuestión solo de algunos segundos para que todos los chicos Vanderwood se reunieran alrededor de él.
—¡Papá ¿qué está pasando!? —lo increpó Matt.
—¡Pasa que el idiota de tu hermano ya se acordó de todo, y en vez de hacer lo que hace un hombre con los pantaloncitos bien puestos, que es pensar con la cabeza de arriba, le entró el mal de los tarados Vanderwood y ahí está ya, peleándose con la única mujer medianamente decente con la que se ha encontrado en su vida!
—¡Espera… ¿de quién estás hablando?! ¿Cómo que “acordarse de todo”, papá? —lo increpó Nate y bastaron solo algunos minutos para que Ranger pusiera al resto de los hermanos al tanto de todo lo que estaba pasando.
—¡¿Pero cómo no nos habías dicho nada?! —lo regañó Elijah—. ¡Papá, nos has estado has estado matando de la preocupación! ¡Creímos que Sebastián podía hasta estar muerto!
—¡Pues casi estuvo ahí! ¡Y si no hubiera sido por Michelle no la habría contado! ¡Pero te aseguro que ahora mismo la culpa hasta del primer moco que perdió de niño, en vez de despabilarse y pensar quién es el verdadero culpable del puñetero ataque! ¡Porque algo sí les puedo asegurar, y es que esa basura no fue un robo común!
La expresión de incredulidad de sus hijos fue otro punto de motivación para que Ranger les explicara qué era lo que estaba sucediendo con los recuerdos de Sebastián, especialmente aquello de que alguien quería dejar viuda a Ivanna.
—¡¿Pero por qué no nos dijiste antes?! —insistió Asher.
—¡Pues porque esa mujer se había convertido en una garrapata emocional, lo único que le faltaba era trepársete por una pierna! —rezongó Rufus—. No podía arriesgarme a que se les fuera nada delante de ella… Pero ya no hay nada que hacer. Ranger, manda a buscar un helicóptero a ver si salimos lo más pronto posible. ¡No quiero a mi hijo solo con esa mujer de ninguna manera!
El debate y las protestas duraron durante todo el tiempo que tardaron en llegar hasta Piney River, y no hubo ni uno solo de los chicos Vanderwood que no abrazara a Sebastián con la misma urgencia y el mismo cariño con que habían estado buscándolo todo ese tiempo.
Él no se había ido todavía de la hacienda a pesar de la insistencia y los reclamos de Ivanna, porque necesitaba hablar con la abuela Constance antes de marcharse. Estaba furioso con Michelle, pero le debía demasiado respeto a la abuela como para largarse sin siquiera explicarle todo. Sin embargo desde hacía un par de horas que tanto la abuela como Merci estaban encerradas en el despacho con Michelle.
—¡Por Dios, no puedo creer que por fin te hayamos encontrado! —exclamó Asher abrazando a su gemelo—. Pero tengo que reconocerlo, te pareces más a mí ahora, te has puesto más bonito.
Sebastián sonrió por lo bajo, pero su mirada vagaba entre la decepción y la tristeza cuando se enfrentó a su padre.
—¿Por qué no me lo dijiste? —fueron sus primeras palabras.
—Eso es algo que trataremos en privado, hijo —suspiró Rufus.

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