LA TRAMPA PERFECTA. CAPÍTULO 46. Mentiras y verdades
Sebastián tenía tantas interrogantes en la cabeza, tantas preguntas, tantos miedos, que pensaba que se iba a volver loco de un momento al otro.
Su mente era una nebulosa de hechos reales y de mentiras que se iban entrelazando y que por desgracia, muchas no tenían una explicación coherente.
—¡Contéstame, maldit@ sea! —gritó tan exasperado que segundos después vio cómo la abuela Constance y Merci salían de la casa.
—¡Ella no sabía nada! ¡Ninguna de las dos sabía nada! —le advirtió Michelle porque lo último que quería era que todo el resentimiento que estaba aflorando en ese momento en su… “no esposo”, fuera a descargarlo con personas que no lo merecían—. ¡Fue mi culpa, todo lo hice yo! —sentenció mirándolo a los ojos con firmeza—. Yo fui la que te encontré en un costado de la carretera...
Sebastián retrocedió un paso y en un segundo volvió a aquel momento: Lo habían asaltado, lo habían golpeado lo suficiente como para creer que no iba a salvarse, y lo habían dejado allí tirado medio muerto.
Aquella entonces era la primera verdad para desenredar la madeja.
—Tú me encontraste —dijo como si necesitara que ella se lo confirmara.
—Sí, fui yo, yo que venía escapándome de la maldit@ boda con Hugues. Venía hacia Piney River y te encontré en una zanja de la carretera, te llevé al hospital y no quise irme hasta saber que estabas bien, pero cuando despertaste...
—Cuando desperté no me acordaba de nada. ¡No me acordaba ni de quién era, Michelle, y tú te aprovechaste y me mentiste! —gritó Sebastián fuera de sí—. ¡Me mentiste, me dijiste que era tu marido! ¿¡Cómo se te ocurrió hacer algo así...!? ¿¡Qué demonios le dijiste a mi padre como para que no me contara la verdad?! ¡Ha estado aquí, maldición, ha estado aquí un montón de veces y ni una sola vez ni él ni Ranger me han dicho la verdad! ¿¡Por qué...?!
—Eso vas a tener que preguntárselo a él —sentenció Michelle con más calma de la que realmente sentía, porque ahora por desgracia venía entendiendo todos aquellos malos sueños de Sebastián y hasta qué punto no eran pesadillas sino recuerdos. El problema era que también estaba segura de que en aquel instante él no le creería ni una sola palabra—. Ni siquiera tengo que decirte que tu padre te ama más que nadie en el mundo —susurró con tono bajo—. Él solo decidió dejarte aquí. Él solo decidió dejarte conmigo... Pero si quieres saber por qué, mejor ve y pregúntale a él.
Por un segundo los ojos de Michelle se cruzaron con los Ivanna. Le dolía en el corazón porque a ella también le habían mentido, el señor Vanderwood le había dicho que Sebastián no tenía a nadie… pero eso no quitaba el hecho de que debía asumir la parte de responsabilidad que le tocaba.
—Michelle, hija… ¿qué es lo que está pasando? —Se acercó la abuela, que intentaba comprender toda aquella discusión pero no lo lograba del todo.

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