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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 45

LA TRAMPA PERFECTA. CAPÍTULO 45. Sin justificaciones

Era como una punzada, violenta y dolorosa en su subconsciente, como si alguien estuviera tratando de arrancar con un garfio sus más antiguos recuerdos.

En el mismo momento en que Sebastián se acercó a aquella mujer y ella se le echó al cuello con lágrimas en los ojos, fue como si estuviera dando un paso extraño, uno que lo hacía pasar de una realidad a otra en un solo segundo.

Retrocedió con un gesto vivo, apartándose para mirarla a la cara, sabiendo que la conocía.

Él mismo no se daba cuenta, pero su respiración se hizo superficial en un instante, como si estuviera sufriendo un ataque de asma o de pánico. En su cabeza había cientos de imágenes mezclándose, cientos de voces, cientos de pequeños fragmentos, de escenas, de segundos colisionando hasta que sus ojos se llenaron de lágrimas, con la conciencia extraña de que acababa de reconocerse.

Dio algunos pasos atrás, con la mano extendida como si estuviera buscando cualquier apoyo, y lo único que encontró fue la reja de la verja de entrada.

—¿Sebastián? Sebastián amor, ¿qué es lo que pasa? —exclamó la mujer con acento desesperado mientras intentaba llegar a él, y solo en ese segundo Sebastián Vanderwood, con plena conciencia de sí mismo, comprendió por qué aquel mar de recuerdos lo había asaltado.

Era porque otra mujer lo estaba abrazando y besando, y esa mujer no era su esposa. Esa mujer no era Michelle, esa mujer no cabía en su realidad, era imposible, así que su cerebro lo llevó de golpe a la realidad a la que sí pertenecía.

Durante un segundo sintió que se estaba ahogando, pero por más feo que la miraran los peones, o por más que Sebastián intentara apartarla, no hubo nada que pudiera evitar que Ivanna se aferrara a su cuerpo con un abrazo profundo y urgente.

—¡Sebastián amor ¿qué es lo que pasa?! ¡Dios mío, estás bien, estás bien! —exclamó ella en medio de un mar de llanto—. ¡No puedo creerlo, estás bien, Dios escuchó todas mis súplicas! ¡No puedo creer que por fin te encuentre después de tanto tiempo desaparecido!

Antes de que Sebastián pudiera evitarlo ya la boca de Ivanna estaba contra la suya, besándolo con absoluta posesividad, hasta el segundo mismo en que algo cayó al suelo rompiéndose.

Sebastián dio un respingo, girándose para ver a Michelle y el pequeño contenedor de cristal que se había hecho añicos a sus pies cuando su esposa lo había dejado caer.

“¿Su esposa?” Aquel pensamiento le asaltó la mente en un solo segundo y cuando sus ojos se tropezaron con los de la muchacha, Michelle supo que todo, absolutamente todo, había salido a la luz.

Sebastián se desprendió de Ivanna despacio, a pesar de sus protestas, y caminó hacia Michelle con los ojos cristalizados por la impotencia.

—Tú no eres mi esposa —fue la única sentencia que salió de sus labios mientras sentía aquel nudo en la garganta que lo estaba matando—. ¡Tú no eres mi esposa, me mentiste!

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