CAPÍTULO 45. Deme un mes
Era extraño verla replicar. Lynett era tan callada que era extraño verla replicar, pero Elijah sabía que lo hacía desde la resignación, no porque estuviera tratando de desafiarlo.
No dijo nada, solo se acercó a ella y le dio la vuelta, buscando los broches de brasier para quitárselo.
—No, déjalo…
—Lynett, está mojado y tienes fiebre, no voy a dejar que te regreses a la cama con ropa mojada —murmuró él.
—Está bien, pero yo pudo sola.
—No puedes ni mantenerte en pie sola —dijo Elijah encontrando sus ojos a través del espejo—. Además, no hay nada que no te haya visto ya. ¿No es cierto?
Lynett desvió la mirada y finalmente cerró los ojos cuando sintió sus manos sobre los entremos de sus bragas, bajándolas por sus caderas y dejándolas caer al suelo.
Elijah quería quedarse allí, mirándola para siempre, porque era insoportable la forma en que aquella mujer le hacía latir el corazón, pero no tardó en alcanzar un albornoz y envolverla en él con un abrazo suave y fugaz.
—Vamos, tienes que intentar dormir un poco —murmuró y no le sorprendió que ella intentara mantener aquellos ojos cerrados el mayor tiempo posible.
La noche se fue en medio de aquella vigilia, y para el amanecer, cuando Lynett despertó, ya la enfermera estaba allí para ayudarla y Elijah hablaba con tono impaciente con la doctora Leaderman.
El primer instinto de Lynett la llamaba a mantenerse alejada de él, pero cuando escuchó su nombre no pudo simplemente quedarse al margen.
“Tienen que examinarla. Mi colega es bueno, pero tiene que confiar en su respuesta aunque no le guste”, se escuchaba la voz de la doctora Leaderman en el altavoz, mientras por la leve abertura de la puerta del despacho, Lynett podía ver a Elijah sentado en el escritorio, con la cabeza entre las manos. “Hay algunos estudios importantes que deben hacerle a Lynett todavía. Si esa fiebre es de una infección, no podemos estar seguro de que tenga que ver con la operación o con la fractura… tengo entendido que ese pie no ha estado bien cuidado, ¿verdad?”
Lynett sintió que su corazón se detenía, pero del otro lado Elijah negó con la culpa reflejada en el rostro.
—No, no ha estado bien cuidado —admitió—. Por eso quiero que la vea un médico lo más pronto posible.
“Entiendo. Trataré de que los reciban hoy mismo. Deme unos minutos y le devuelvo la llamada”
Por suerte el apellido Vanderwood podía abrir más puertas de las que se imaginaba, así que veinte minutos después Elijah entraba a la habitación de Lynett y le pedía a la enfermera que la cambiara con ropa de salir.
Los dos parecían un par de estatuas mientras él conducía hacia una de las clínicas especializadas en traumatología más importantes de la ciudad, pero apenas llegaron ya estaba un equipo médico completo esperándolos.
—Lamento haberme tardado en que tuvieras esta revisión —fueron las únicas palabras que salieron de la boca de Elijah mientras se la llevaban.
Sabía que su despecho y su rabia eran lo que habían demorado que ella obtuviera la atención que necesitaba, y mientras esperaba impaciente en una de las salas, solo rezaba inconscientemente para que no fuera demasiado tarde para reparar el daño.

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