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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 42

CAPÍTULO 42. El castillo de la bestia

—En la casa vas a estar bien —murmuró Elijah, que lo último que quería era mantener aquella conversación delante de la doctora.

—No quiero irme, todavía me duele…

—Lynett no hagas un escándalo —susurró él inclinándose hacia ella y la muchacha pasó saliva, desviando la mirada—. Si la doctora dice que ya te puedes ir, entonces nos vamos a casa. Te aseguro que vas a tener de sobra quien te cuide allá.

Y aunque no le creía ni una sola palabra, ¿qué más podía hacer? Lynett no tenía a dónde ir, y dudaba mucho que su madre quisiera recibirla. Ni siquiera había ido a verla al hospital y de viaje o no, estaba segura de que la noticia de su accidente había recorrido las redes ya.

Bajó la cabeza porque no podía hacer más, y apretó los puños mientras Elijah empujaba su silla de ruedas fuera del hospital. El estacionamiento techado tenía la mayor privacidad posible, así que la muchacha se estremeció instintivamente cuando lo sintió levantarla.

—¡¿Qué haces…?! —exclamó sorprendida, mirando alrededor, pero no vio ni un solo periodista sosteniendo una cámara.

Y si Elijah Vanderwood no estaba haciendo un teatro para las cámaras entonces… ¿qué era aquello?

Sin embargo si esperaba una respuesta, ciertamente no la obtendría de él, porque lo único que hizo Elijah fue ajustarle el cinturón de seguridad y meterse en el tráfico en el mayor silencio posible.

Intentó obviar el hecho de que ella se retorcía los dedos en el regazo, o de que intentaba parecer fuerte cuando obviamente no lo era. Pero lo que no le pasó desapercibido fue su cara de incredulidad cuando atravesaron las verjas de una nueva propiedad, y Lynett se la quedó mirando como si no entendiera.

—La anterior sufrió un accidente —murmuró Elijah—. Me dejé la estufa de gas abierta sin querer. Fue mi culpa, así que compré una nueva porque… pues porque en algún lado hay que vivir —terminó y abrió la puerta del coche con un suspiro.

Lynett pasó saliva cuando él tendió sus brazos hacia ella, pero por más extraños que le parecieran, no podía negarse. Fue solo un segundo, pero por alguna razón cada vez que la tocaba aquellos malditos recuerdos volvían, así que la muchacha trató de enfocarse en la casa mientras él la sentaba en una silla de ruedas un tanto… diferente.

La casa era blanca y grande, con amplios jardines alrededor y una fila de cuatro personas esperándolos afuera. Tres asistentes para la casa y una enfermera para ella.

—Te dije que tendrías a alguien que te cuidara… —dijo Elijah sin mirarla a los ojos, porque estaba seguro de que ese alguien debía ser él y no una enfermera—. Mira, la silla en autónoma, la doctora dijo que no puedes esforzarte así que…

Lynett miró dónde estaba sentada y se dio cuenta de que aquello era un cacharro electrónico. Tenía un pequeño panel de mando y funcionaba con electricidad, así que bastaba un movimiento de su mano para que se moviera.

Lo intentó un par de veces y Elijah se interpuso cuando vio el tirón involuntario. La cabeza de Lynett golpeó contra su pecho pero aun así la contuvo.

—Tranquila… despacio… no es tan difícil de manejar —susurró.

Ella asintió con nerviosismo y luego la hizo avanzar despacio entre las personas que las esperaban. El servicio de la casa parecían chicas amables y risueñas, y la enfermera indudablemente era una profesional, pero aun así Elijah la acompañó en silencio mientras les mostraban la casa, porque él tampoco la había visto antes.

—¿Cuál…? ¿Cuál es mi habitación? —preguntó con ansiedad y la enfermera la llevó a una amplia habitación en el primer piso.

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