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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 41

LA TRAMPA PERFECTA. CAPÍTULO 51. Un intento de asesinato

Tenía el sueño tan incómodo y ligero, que Michelle no tardó absolutamente nada en despertar cuando escuchó aquellos ruidos. El sonido inconfundible de un cuerpo cayendo al suelo, y encima seguido por todos aquellos gritos, fueron suficientes para lanzarse de la cama sin recordar siquiera no estaba ni como para apoyar los pies.

Ahogó un gruñido de dolor en el mismo momento que aquella punzada le atravesó literalmente hasta la cadera, pero eso no evitó que saltara sobre su pie sano, desesperada, hasta que alcanzó la puerta de la habitación para mirar afuera.

No podía llegar sola, estaba demasiado lejos, pero alcanzó lo primero que tenía a mano, que era un viejo jarrón, y lo lanzó con fuerza a unos metros de Sebastián.

—¡Príncipe! —gritó al mismo tiempo que aquel estruendo de porcelana rompiéndose hacía que Sebastián se incorporara, sudando y jadeando mientras se tocaba desesperado los costados para asegurarse de que no estaban pateándolo allí.

Miró a todos lados y se dio cuenta de que se había caído de aquel sofá en medio de la peor de las pesadillas, una tan real, tan vívida y tan extremadamente dolorosa que juraba que podía sentirla físicamente.

—No era una pesadilla —susurró mientras intentaba recuperar el aliento—. Maldición, no era una pesadilla...

Sus ojos se enfocaron en Michelle, que trataba de sostenerse del marco de la puerta, y se levantó de inmediato, apresurándose hacia ella y levantándola en brazos porque había un sudor frío corriendo por su frente.

—Loca ¿estás bien? Mírame... ¡Mírame! ¿qué te pasó? ¿Te Lastimaste? —la increpó y ella no tuvo más remedio que hacerle un gesto de afirmación con la cabeza.

—Solo... Te oí gritar y me asusté. Ni siquiera me acordé del pie cuando me levanté de la cama...

Sebastián revisó de inmediato aquella escayola, pero sabía que lo único que podía calmar el dolor en aquel momento era un analgésico fuerte.

—Lo siento mucho, loca, lo siento, yo no tenía idea de que estaba gritando solo... —Por un momento se quedó callado y trató de reevaluar lo que acababa de sentir, y Michelle lo miró como si estuviera convencida de que aquello no había sido solo un mal sueño.

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