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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 41

CAPÍTULO 41. Un infierno disfrazado

Tres enfermeras y un médico entraron corriendo solo unos segundos después, pero por más preocupado y asustado que estuviera Elijah, no pudo dejar de reconocer que el médico tenía razón.

—No está consciente —le dijo.

—¿Qué? ¿Pero cómo…? ¡Ella, abrió los ojos! —exclamó Elijah—. Se está quejando, dice que le duele.

—Y es inconsciente, no está despierta —replicó le médico abriendo uno de los ojos de Lynett e iluminando su pupila—. A veces los analgésicos fuertes vienen con reacciones como estas, con… algunos delirios. Está teniendo algo parecido a un “mal viaje”, por decirlo de alguna manera; pero tampoco podemos quitarle los analgésicos, así que…

—¿Qué?

—Vamos a tener que inmovilizarla —le explicó el doctor antes de girarse hacia una enfermera—. Por favor traiga un cinturón de sujeción y algunas correas de restricción para…

—¡No! —Elijah frunció el ceño, incrédulo—. ¡No la van a amarrar a la cama!

—Señor Vanderwood, es por su seguridad. Se llama contención terapéutica y le garantizo que es completamente legal y…

—¡Y me importa un cuerno cómo se llame! ¡No la va a amarrar a la cama! —sentenció con determinación—. Ya está teniendo pesadillas, lo último que necesita es despertar y no poder moverse. ¿Quiere que se ponga todavía peor?

Eso era lo que salía de su boca, pero lo que realmente estaba pensando era que después de todo lo que le había hecho, si Lynett despertaba amarrada a una cama, probablemente pensaría que él estaba tratando de lastimarla todavía más, y nada garantizaba que no perdiera la poca cordura que debía quedarle.

—Yo me encargo —murmuró mirando aquel estado inquieto—. Yo me ocupo.

El médico dudó un segundo antes de marcharse, pero la verdad era que no podía obligar a los pacientes o a sus responsables. Y en el mismo momento en que aquella puerta se cerró tras él, Elijah respiró hondo y acomodó a Lynett hacia un lago de la cama, acostándose tras ella y pasando un brazo alrededor de los suyos para que dejara de moverse.

—Todo va a estar bien —le dijo con suavidad—. Estás segura aquí, te lo prometo.

—No… vete… tú no… —la escuchó balbucear, y la verdad era que tendría que encajar aquel rechazo por el resto de la madrugada, porque ella ni se calmó ni pareció agotarse completamente hasta casi cerca del amanecer.

Esta vez, cuando la muchacha abrió los ojos, lo hizo consciente aunque cansada. Sentía el cuerpo pesado y adolorido, y la cabeza le daba vueltas como si toda aquella habitación fuera un carrusel. Pero la sensación más extraña venía definitivamente de su espalda, y Lynett contuvo el aliento dándose cuenta de que había alguien tras ella.

Le tomó solo unos segundos enfocarse y reconocer aquella mano que estaba alrededor suyo. Apenas giró un poco la cabeza y pudo ver a Elijah, respirando suavemente contra la piel de su nuca mientras la mantenía completamente pegada a su cuerpo.

Lynett contuvo el aliento mientras alcanzaba el botón de seguridad en el lateral de la cama y una enfermera entraba solo unos segundos después.

—Señora Evans, qué bueno verla despierta —suspiró la muchacha—. No en la mejor posición, pero no le diré al médico para que no lo regañe.

La sonrisa era genuina y hasta venía con un poco de envidia, así que Lynett, aun aturdida, no pudo evitar preguntar.

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