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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 36

CAPÍTULO 36. Culpable

—Tomas a una muchacha joven como Lynett, le sumas un análisis de sangre con los niveles disparados de hormona HCG, y es muy fácil lanzarse por la primera opción: el embarazo —declaró la doctora con un suspiro mientras Sebastian se acercaba a ellos en el corredor—. El problema es que el aumento de esa hormona, sin embarazo, significa que otras cosas están mal.

Elijah se apoyó en la pared, sintiendo que una parte de él colapsaba de una manera extraña. Ni siquiera era capaz de describir cómo se sentía, pero estaba más que seguro de que “culpable” y “angustiado” eran sus emociones principales.

—¿Qué tan mal? —preguntó con un hilo de voz y la doctora se encogió de hombros con preocupación.

—Imposible saberlo todavía. Puede ir desde quistes en los ovarios hasta un tumor de células germinales, es imposible determinarlo sin más pruebas así que… necesitamos trasladarla a una clínica especializada. Si usted no quiere hacerse cargo yo puedo ver con su aseguradora médica si…

—Sí, sí me voy a hacer cargo —declaró Elijah sin titubear—. Claro que yo me voy a hacer cargo de todo… lo que haga falta, solo asegúrese… asegúrese de que ella esté bien.

La doctora le regaló un gesto de asentimiento antes de marcharse de regreso a aquella habitación, y Elijah se mesó los cabellos porque ni siquiera sabía por dónde comenzar a volverse loco.

—Ella… no me mintió, sí era… ¡Joder sí era virgen! —exclamó inclinándose hacia adelante como si le hubieran golpeado el estómago.

Sebastian lo miró aturdido.

—¡No me jodas, Elijah!

—¡Es que no me di cuenta…! ¡Estaba medio ebrio pero no entiendo…! ¡¿Cómo no me di cuenta?!

—¡Porque eres un energúmeno, imbécil! ¡Eso eres! —rezongó Sebastian y optó por no echar más sal a la herida… o quizás solo un poquito más—. Bueno… al menos no le restregaste dos putas en las narices ¿verdad? —gruñó y esa era su forma más amable de decirle “te lo dije”.

Sin embargo en aquel momento, después de las declaraciones de la doctora, lo único que danzaba en la mente de Elijah como cuchillos eran el llanto de Lynett jurándole que no estaba embarazada, que él había sido el primero en su vida, y suplicándole que la llevara al hospital para que la atendieran.

¡Y literalmente había tenido que quemar una casa para lograrlo!

—¡Maldición! —rugió sin poder evitarlo, y trató de respirar porque sentía que aquella culpabilidad lo estaba ahogando.

Sin embargo cualquier cosa que pudiera sentir fue opacada solo unos minutos después por los sollozos de la muchacha, y supo que la doctora no había podido ocultarle su diagnóstico por más tiempo.

No se atrevió a entrar, solo se quedó allí, angustiado, hasta que la doctora Leaderman salió de nuevo con los papeles para autorizar el traslado. Sin embargo miró a la mujer espantado cuando sacaron a Lynett de allí con los ojos cerrados.

—¿Qué le pasa? ¿Por qué…?

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