CAPITULO 34. Una respuesta definitiva
¿Podía pasar algo más? ¿Podía caerle un rayo en la cabeza? ¿Podía inundarse de aguas negras su oficina? ¿Podía caerle un árbol encima a su auto, con él dentro?
Elijah se mesó los cabellos cuando se dio cuenta de que aquella ola de calamidades no iba a parar, y su rostro fue pétreo mientras interrogaba a su secretaria.
—¿Disculpa? ¿Incendio? ¿Me estás diciendo que mi casa se incendió? —gruñó con impotencia y la señorita Voigh asintió.
—Acaban de llamar del departamento de bomberos y de la empresa de seguros. Le solicitan que vaya inmediatamente allá.
Y aunque aquella palabra se le atoraba en la garganta, Elijah no tuvo más remedio que preguntar.
—¿Mi esposa?
—La señora Evans está bien, fue todo lo que me dijeron.
—Claro, no tengo tanta suerte —masculló para sí mismo, con un tono cargado de rabia—. Diles que ya salgo para allá.
Entre la resaca, el despecho, la impotencia y la furia, Elijah Vanderwood llegó a la propiedad hecho un huracán, pero pronto se dio cuenta de que no había quedado mucho de casa para arrasar. La mitad de ella estaba chamuscada y la otra olía a barbacoa.
—¿Alguien quiere decirme qué demonios pasó aquí? —gruñó con incredulidad, porque no había esperado tanto destrozo, pero el jefe del equipo de bomberos, el agente del seguro y uno de sus abogados estaban peleando sin prestarle atención a nadie más, y Elijah frunció el ceño al escuchar sus palabras.
—¡Que no vamos a pagar por un incendio provocado! ¡Entiéndalo! —rezongaba el del seguro.
—¡Pero si no fue provocado por el propietario, entonces tienen que hacer válido el seguro! —peleaba su abogado.
Pero de todo aquello solo una palabra hizo clic en su cabeza y le hizo una señal al jefe de los bomberos para que se acercara.
—¿Dijeron “provocado”? —preguntó mirando alrededor porque tampoco veía a Lynett.
—Señor Vanderwood, ¿qué tal? —saludó el hombre—. Sí, me temo que los peritos del equipo determinaron que fue provocado.
Juntos entraron en los escombros de la casa y caminaron hasta el despacho.
—El fuego comenzó aquí, justo sobre el escritorio, producto de ese encendedor de allí y documentos que al parecer estaban regados. Se extendió muy rápido así que hicimos lo que pudimos, pero me temo que de esta habitación casi nada sobrevivió. Increíblemente… solo el escritorio… Debe ser madera muy buena porque protegió casi todo lo que estaba adentro o… —se inclinó rebuscando y sacó lo que parecía un trapo hecho girones—, debajo…
Elijah frunció el ceño viendo los restos de aquel vestido claro con una mancha de color vino oscuro en el centro, pero por desgracia cualquier reflexión respecto a ella terminó en el mismo momento en que el jefe de bomberos volvió a hablar.
—Vamos a comenzar una investigación de inmediato, señor Vanderwood, es evidente que tenemos un pirómano activo y…
—No es ningún pirómano, solo es mi mujer que se enfadó —replicó Elijah—. Así que le agradecería mantener esto en la mayor discreción hasta que yo personalmente hable con ella. ¿Sabe dónde está?
—En el hospital Presbyterian. Ahí pidió que la llevara la ambulancia apenas la sacamos —dijo el hombre y Elijah apretó los dientes, porque ya sabía muy bien el origen del fuego.

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