LA TRAMPA PERFECTA. CAPITULO 33. El desastre
Michelle respiró profundo en el mismo momento en que aquel hombre puso en sus manos una carpeta llena de documentos, incluyendo una licencia de conducción oficial y un pasaporte para Sebastián bajo el apellido Hood.
—¿No podías haberle encontrado un nombrecito un poco mejor? —preguntó Ranger poniendo los ojos en blanco porque imaginaba de dónde venía la referencia.
—¡Bastante con que logré ponerle uno, créeme! —murmuró Michelle guardando todo y Ranger se inclinó hacia ella, acercándose para hablarle en voz baja.
—Escucha, sé que ayer no te lo dijimos, o quizás yo di por sentado que eras lo bastante inteligente como para darte cuenta sola, pero si de verdad alguien trató de matar a Sebastián, como creemos, entonces eso puede significar que en algún punto tú estés en peligro junto con él.
Michelle apretó los labios pero terminó asintiendo.
—No te preocupes, soy lo bastante inteligente como para darme cuenta, pero ¿cuál es la alternativa? —susurró—. A lo mejor soy demasiado supersticiosa, o a lo mejor me creo que todo lo que me pasa son señales de Dios, pero de verdad siento que hasta ahora no he tenido alternativa. No soy la clase de persona que dejaría un hombre tirado al borde de la carretera, y después de estas semanas con Sebastián... No sé, tampoco me veo capaz de dejarlo a su suerte estemos corriendo peligro o no.
Ranger se cruzó de brazos mirándola con curiosidad, porque era cierto que, o estaba muy loca o de plano se había enamorado como una tonta de Sebastian en solo unas pocas semanas. Aunque si era honesto no podía decir que a él le fuera mejor.
—Tal vez no debería estar diciéndote esto, pero será mejor que tengas claro que ese que conoces ahora no es el Sebastián de verdad —sentenció con extrema seriedad.
—¿Qué quieres decir? ¿Que es un asesino psicópata? —replicó ella.
—No, pero no es dulce, ni romántico, ni amable. Es uno de los CEO más duros que he conocido, tenía a Nueva York bajo la punta de su bota sin hacer esfuerzo y a arrogante, malcriado y sarcástico no le gana a nadie —le advirtió Ranger porque de verdad parecía una lástima que una chica como ella saliera lastimada.
—Bueno, la verdad es que ni quitándole lo millonario y lo neoyorquino, ha perdido lo arrogante, lo malcriado ni lo sarcástico, y eso de ser dulce y romántico le viene de hace solo unos días, no te creas que no tuve que amenazarlo con una de las fustas para entrenar caballos —suspiró Michelle—. Pero tienes que saber que voy a hacer hasta lo imposible por mantenerlo protegido, a fin de cuentas Piney River es una hacienda familiar y no muchos pasan por allí a menos que trabajen en ella.
Ranger respiró profundo antes de asentir y se despidió de ella, y a lo mejor estaba tan relajado por el hecho de que Sebastián estuviera vivo y bien, que no se percató de que alguien había estado tomándoles fotos desde el otro lado del restaurante.
Michelle, por su parte, se fue directamente hacia el hospital de la ciudad para pedir una cita con un ginecólogo.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana