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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 32

LA TRAMPA PERFECTA. CAPÍTULO 32. Momentos peligrosos

“Todo”, la respuesta era “todo”, pero Michelle no podía decírselo en aquel momento. Solo podía dejarse llevar por aquel juego mientras Sebastián la subía al cielo y la perdonaba después del primer orgasmo juntos, sintiendo cómo el cuerpo de su esposa se escurría y se acurrucaba contra él intentando sobrevivir aquella marea tan intensa de sensaciones.

—Te quiero, príncipe, más vale que no lo olvides —susurró ella y Sebastián sonrió contra su cabello antes de besarlo.

—¿Crees que sea capaz de olvidarlo con lo seguido que me consientes? —respondió levantándola contra su cuerpo y besándola en los labios con dulzura—. Pero esto no se ha acabado aquí, de verdad hay que celebrar todo lo que hicimos hoy, así que te espera una noche de intenso trabajo.

Y si aquello era una amenaza o no, lo cierto fue que Sebastián se encargó de cumplirla a la perfección, y Michelle realmente no pudo pensar, no puedo ponerse a elucubrar en todo lo que estaba pasando, porque cada minuto lo usó únicamente para sentir hasta que quedó completamente rendida entre sus brazos en aquella cama.

Sebastián se acurrucó contra su espalda y estaba a punto de dejarse llevar por el sueño cuando de repente pareció darse cuenta de algo.

—Loca… —dijo levantando la cabeza y acariciándola con la nariz debajo de la oreja—. Oye ¿nosotros...? ¿O sea tú...? ¿Este...? ¿Te estás cuidando?

Michelle levantó la cabeza a velocidad crucero, como si acabaran de ponerle una inyección sorpresa, y se giró para mirarlo con ojos desorbitados.

—¡Joder! —fue lo único que salió de sus labios y esperaba que Sebastián se tirara de la cama a hacer un escándalo, pero él solo arrugó el ceño, más ocupado que preocupado—. ¡Lo siento, lo siento, te lo juro! —exclamó Michelle tratando de sentarse en la cama porque realmente esa era de una de las cosas que ni siquiera le habían pasado por la cabeza en las últimas semanas—. ¡No he tenido la cabeza en mi lugar después de...! ¡Diablos, lo siento! —gruñó y su desesperación era tan palpable que Sebastián solo volvió a tirar de ella para abrazarla porque sabía que no lo había hecho a propósito, la conocía bastante para saber que era así de despistada y más.

—A ver, cálmate, no te estoy regañando, solo era una pregunta.

—¡Pero es que yo...! ¡Nosotros...! ¡Demonios si es que somos como conejos! —exclamó Michelle cubriéndose el rostro y tratando de pasar saliva, pero en aquel momento sentía como si el corazón se le fuera a salir del pecho.

—Ya, loca, no seas chilletas —intentó tranquilizarla a él con una sonrisa—. No es como si fuera algo del otro mundo. Las mujeres salen embarazadas todo el tiempo, y las mujeres casadas mucho más por si no te has dado cuenta.

Los labios de Michelle temblaron y supo que aquel, exactamente aquel era el momento para decirle la verdad: que no era realmente su esposa... Pero siendo honesta ¿eso de que serviría?

Igual él no tenía a nadie más. ¿Verdad? Eso le había dicho su padre. ¿Tan malo podía ser que Sebastián terminara enamorándose de ella?

Se abrazó las rodillas con las manos y trató de respirar profundo para calmarse.

—Haré una cita con el médico —dijo mientras Sebastián asentía conforme—. Iré a revisarme para que me pongan algún tratamiento anticonceptivo y esperemos... Quiero decir... No podemos tener tan... —En aquel punto no sabía si decir “suerte” o “mala suerte”, así que prefirió quedarse callada mientras él acariciaba uno de sus mechones y lo ponía detrás de su oreja.

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