CAPÍTULO 31. La traición.
Si algo odiaba Elijah Vanderwood con toda su alma eran las mentiras. Pero más que eso odiaba los engaños de gente que se hacía pasar por inocente cuando en realidad solo eran unos lobos traicioneros, y por desgracia había tenido mucho de eso en su vida últimamente.
Miró a los ojos de Lynett y aquellas lágrimas le revolvieron el estómago.
—Es una puta broma ¿verdad? —siseó con tanta rabia que sentía que podía destruir el mundo él solo en ese momento—. ¿En serio esperas que me crea esa basura?
—¡Es la verdad! —exclamó Lynett con desesperación—. ¡No había estado con nadie antes! ¡Jamás me había acostado con nadie, yo era…!
—¡No digas “virgen”! —le gritó Elijah—. ¡No te atrevas a decir “virgen”, porque te juro que se me va a olvidar que mi padre me enseñó a no pegarle a las mujeres! ¡Eres una arpía mentirosa, eso es lo que eres! ¡Y por eso te acostaste conmigo, solo para poder disfrazar el embarazo que ya traías!
—¡No es cierto! —gritó Lynett—. ¡No es cierto! ¡Yo no acosté con nadie más y no estoy embarazada!
—¡Ya deja de mentir! —rugió Elijah—. ¡Esos resultados son muy claros! ¿Crees que los médicos son idiotas? ¡Ellos mismos corroboraron esos análisis de sangre, por eso no te operaron!
Lynett se quedó muda por un segundo mientras su corazón retumbaba como un motor de carreras.
—¿Cómo… cómo que no me operaron…? ¡¿Me tenían que operar?!
—¡Pues claro que te tenían que operar! ¡Literalmente el puto hueso se te salió del cuerpo! ¡Pero el médico dijo que tenía que autorizarlo porque estabas embarazada y no podían garantizar que no lo perdieras! —le espetó—. ¡Y todavía soy tan idiota que prefiero verte coja de por vida a que pierdas a un niño que ni siquiera es mío!
Los ojos de Lynett se llenaron de lágrimas, pero aquello que era una completa pesadilla no desaparecía.
—¡Es que no hay niño! ¡Escúchame! ¡Elijah mírame, mírame! ¡No estoy embarazada! ¡Esto es mentira! —le gritó sacudiendo los papeles—. ¡Esto es mentira! ¡No puedo estar embarazada! ¡Y si me tienes que operar tienes que llevarme al hospital para que lo hagan…!
—¿En serio? ¿Esa es la solución? —Elijah retrocedió mirándola de arriba abajo con desprecio—. ¿Ahora que ya se te descubrió todo quieres que te operen? ¿Para qué? ¿Para ver si tienes la fortuna de perderlo y enterrar todo esto, que se olvide, como si nunca hubiera sucedido….?
—¡Cállate! —lo interrumpió Lynett con frustración—. ¡No puedo entender cómo un hombre tan inteligente para los negocios puede terminar siendo tan obtuso para todo lo demás! ¡No estoy embarazada! ¡Tienes que llevarme al hospital para que me revisen! ¡Llévame, ahora!
—¡Ni lo sueñes! —escupió Elijah y la muchacha apretó los puños con impotencia.

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