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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 29

CAPÍTULO 29. ¡El que caí fui yo!

Si el maldito gancho de la grúa lo hubiera golpeado en pleno pecho, destrozándolo, Elijah hubiera tenido quizás una mejor reacción.

—¿Qué…? ¿Disculpe? ¿Cómo dijo…? ¿Emb… embarazada? —balbuceó a media voz, como si se estuviera ahogando con aquella palabra.

—¿No lo sabía? —El médico frunció el ceño al darse cuenta de su sorpresa—. Lamento que tenga que enterarse en estas circunstancias, señor Vanderwood, pero sí, su esposa está embarazada. Cuando hay operaciones en puerta hacemos exámenes de sangre de emergencia y los de la señora Evans, bueno, sus niveles de la hormona GCH son elevados.

Elijah sintió que toda aquella angustia, toda aquella ansiedad y desesperación que había sentido en las últimas dos horas se convertía en rabia.

¿Qué tan altos…? ¿Cuánto tiempo…?

—Por el análisis, unas nueve semanas más o menos. Por eso es tan importante que usted firme el consentimiento para operarla —le explicó el médico—. El embarazo está en una etapa vulnerable, haremos lo posible con mantenerlo, pero no podemos garantizar que sobreviva y…

—No —fue la respuesta seca de Elijah mientras su rostro se convertía en una máscara inexpresiva.

Ni siquiera podía comenzar a describir el dolor de aquella traición, porque una vez más había quedado como un idiota. Elijah había pensado que controlaba aquella noche de sexo desenfrenado, llevándola a hacer lo que él quería, cuando en realidad había sido ella la que había tomado lo que quería de él y estaba bastante seguro de con qué propósito lo había hecho.

—¿Disculpe? —El médico interrumpió sus pensamientos y Elijah le dirigió una mirada impávida—. ¿No va a autorizar que la operemos…?

—No. No voy a autorizarlo —sentenció.

—Pero… Pero es que… —El doctor ciertamente no se esperaba una respuesta como aquella—. ¡Señor Vandewood, tenemos que operarla! Entiendo que no quiera poner en riesgo su embarazo, pero si no operamos… es una fractura muy compleja, hay muy poco margen de tiempo para solucionar esto sin que haya consecuencias permanentes… Si no operamos ahora arrastrará esto toda su vida, quizás no podrá caminar bien nunca más…

Elijah apretó los dientes con una mueca vacía, pero su voz era firme cuando le respondió al médico.

—Le garantizo que mi esposa preferiría cojear toda su vida de aquí en adelante que perder a su hijo, así que puede llevarse su formulario, porque no lo voy a autorizar. No la van a operar.

El doctor se le quedó mirando como si estuviera completamente loco, pero finalmente no tuvo otra opción que darse la vuelta y marcharse de allí, mientras tras él Elijah se quedaba frustrado y furioso, con ganas de romper algo, cualquier cosa, todo.

Se sentó en una de las sillas y estuvo allí, intentando contener aquellos temblores hasta que Sebastian volvió, pero su hermano no tardó ni un segundo en detectar aquel estado.

—¿¡Qué pasó, Elijah!? ¿Ella se…? —las palabras se cortaron en los labios de Sebastian porque lo que veía no era dolor o consternación, sino rabia.

—El médico salió a pedir que autorizara una operación para arreglarle la fractura —escupió Elijah.

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