LA TRAMPA PERFECTA. CAPÍTULO 27. Un pobre esclavo
Ranger lo vio aparecer desde el otro lado de las caballerizas y procuró camuflarse mientras sacaba su celular y le hablaba a Max.
—Lo tengo —siseó—. Búscame en las caballerizas.
Obviamente solo eso hizo falta para que Max se apresurara a llegar junto a él y los dos observaran a Sebastian mientras cargaba algunas pacas de heno para moverla de lugar.
Ranger suspiró con impotencia, porque no era como que no hubiera visto a Sebastian haciendo eso muchas veces, pero no había un solo escenario que le pasara por la cabeza que fuera placentero.
—¡Pues para esto debió ayudarlo la muchachita! ¡Para tener un esclavo más en la hacienda! —rezongó con dramatismo—. ¡Probablemente lo tengan trabajando por techo y comida como un… como un…!
—¿Esclavo? —lo ayudó Max levantando una ceja porque sabía que a Ranger solo se le salía aquel grado de impotencia cuando creía que estaban lastimando a la gente que quería.
—¡Eso mismo! ¡Ya se ve que le pagó el hospital! ¡Pero mira como lo tiene! ¡Seguro debe estar durmiendo en un cuartón de mala muerte, solo, triste, abandonado, mal alimentado…! ¡Trabajando como burro y…!
De repente los ojos de Sebastian se posaron en aquellos dos desconocidos y se acercó a ellos mientras Max le daba un codazo a Ranger.
—Buenos días —saludó él quitándose los guantes de trabajo para estrechar su mano—. ¿Vienen con el grupo de invitados? —les preguntó con una sonrisa afable.
—Sí, este… —Ranger se rascó la nuca—. Estamos acompañando a nuestro jefe y alegrándonos de que en nuestra hacienda tenemos que trabajar menos que tú.
—Bueno, si quieren tener una buena hacienda entonces hay que trabajar en ella, muchachos, lo bueno requiere atención —respondió Sebastian encogiéndose de hombros cuando uno de los peones más jóvenes a los que él personalmente estaba enseñando llegó corriendo apresurado.
—¡Patrón! ¡Patrón, parece que pasó algo en la casa porque la señorita Michelle viene para acá! —le dijo apurado y Max le dio un codazo a Ranger al escuchar aquel apelativo.
—Miky, ¿cuántas veces te voy a decir que no soy patrón, solo soy el nuevo capataz? —replicó Sebastian poniendo los ojos en blanco.
—¡Pues usted está casado con la señorita de la casa, que ahora es su señora, así que es el esposo de la patrona y por tanto: el patrón! —rezongó el muchachito.
—¡Miky! —intentó regañarlo Sebastian cuando vieron la figura de Michelle asomarse por uno de los corredores laterales y correr hacia ellos.
Max le dio un codazo a Ranger cuando vieron a aquella mujer colgarse del cuello de Sebastian y darle un beso en la boca apresurada. ¡Así delante de todo el mundo! Y la verdad era que podía estar de camisa de fuerza la condenada, pero lo hermosa nadie se lo quitaba.
Y la cosa era que no intentaba disimular que aquel “nuevo capataz” era algo suyo.
—Príncipe, te necesito, uno de los invitados de la abuela se puso malito y ella lo está cuidando, creo que son viejos conocidos o algo…
—¿Pero está bien? —se preocupó Sebastian rodeando su cintura.
—Sí, príncipe, solo fue un golpe de calor, pero me dijo que te pidiera por favor si podías atender tú a los invitados y empezar la exhibición —le pidió Michelle haciendo un puchero.
—Pues claro, amor, yo me puedo ocupar, pero si quieren comprar algún ejemplar la abuela tiene que poner lo precios y…

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