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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 27

CAPÍTULO 27. No soy un monstruo

El lugar era un caos, pero aunque muchos de los que estaban a cargo parecían dueños de la situación, Elijah veía a McGregor demasiado inquieto.

—¿Qué diablos está pasando, por qué no la sacan? —espetó acercándose a él con tono de impotencia y el magnate de la industria constructora solo negó.

—Dicen que quieren asegurar el área primero, entiendo que el jefe de bomberos no quiera arriesgar a ninguno de sus hombres pero…

—¡Pero para eso les pagan, maldit@ sea! —siseó Elijah—. ¡Eso es lo que significa ser bombero, jugarse el trasero por otros, así que si no van a bajar ellos, bajo yo, pero que se pongan de acuerdo de una puta vez!

Y por más extraño que pareciera, Kenneth parecía estar de acuerdo con él; y eso solo hizo que Elijah achicara los ojos.

—¿Qué es lo que no me estás diciendo? —gruñó y vio al magnate mesarse los cabellos.

—La mezcla se cimentación para edificios como estos es de fraguado rápido —declaró McGregor—. Y he estado teniendo problemas con los proveedores de materiales, así que estos no son los mejores. Si se siguen demorando, no habrá dios que logre abrirse paso en esa arcilla cuando endurezca.

Elijah apretó los dientes.

—¿Cuánto tiempo tenemos? —lo increpó.

—Veinte minutos.

Escuchar aquel número hizo que a Elijah hasta le fallaran las fuerzas. Ni siquiera podía explicarlo, él no quería a Lynett, no tenía ni un solo buen sentimiento por ella, pero tampoco quería que muriera, mucho menos en circunstancias tan terribles como aquella.

—Entonces tenemos que hacer algo nosotros —espetó—. Nadie conoce esto mejor que tus propios hombres. No puede ser el primer accidente de trabajo que tengan. ¿Qué diablos hacen en estos casos?

McGregor respiró profundo, pero no era algo en lo que no hubiera pensado ya, así que le hizo un gesto para que lo siguiera. Lo único que se podía hacer era bucear en aquella mezcla hasta encontrar el auto.

—¡Espera, espera ¿qué vas a hacer!? —Aquella voz conocida lo hizo detenerse mientras Kenneth y él caminaban hacia el jefe de los trabajadores de la obra, y Elijah se volteó hacia Sebastian.

Su hermano había estado tratando de apurar a los bomberos, pero estos se estaban tomando su tiempo.

—Necesito que contengas al jefe —siseó Elijah—. Vamos a bajar nosotros.

—¿¡Quéééééé…!? ¿¡Estás loco!? ¡Porque enamorado sé que no estás! —lo reconvino Sebastian—. ¡Déjale esto a los profesionales!

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