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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 24

LA TRAMPA PERFECTA. CAPÍTULO 24. Un experto y una pista

Ranger miró alrededor. Realmente era un sitio muy extraño como para estar aparcado durante tanto tiempo en medio de la noche.

—¿Estás seguro? —le preguntó a Max.

—De la peor manera posible —respondió su amigo—. Así que ya sabes cómo funciona esto. Tú por allá y yo por acá, vamos a empezar a buscar.

Y por suerte la precisión del GPS era excelente, y ellos dos habían tenido que rastrear tantas veces en el ejército que ya no había nada que pasaran por alto o que escapara a sus ojos. Así que no habían pasado ni siquiera veinte minutos cuando Ranger se detuvo junto a una mancha de sangre a unos quince metros de la carretera principal.

—¡Max! —llamó apresurado y su amigo llegó corriendo para ver la mancha de sangre seca entre las piedras y la tierra.

—Esto es viejo, muy viejo. Así que bien podría ser suya.

—Si esto es de Sebastián entonces significa que lo atacaron —gruñó Ranger con impotencia.

—Por ahora mira la parte buena: no hay suficiente sangre aquí como para que haya muerto por eso, así que sea lo que sea que haya pasado, esperemos que siga vivo.

Ranger apretó los dientes sabiendo que tenía que darle aquella noticia a Rufus Vanderwood, pero no podía hacerlo a menos que estuviera completamente seguro.

—Bueno ya que estamos rastreando al estilo antiguo, entonces vamos a mandar a buscar al experto —siseó—. ¿Tenemos algún helicóptero disponible?

Max le puso los ojos en blanco como si fuera un niño incrédulo y si no hubiera sido porque los dos pasaban de los treinta, hasta le habría sacado la lengua.

—¡Por supuesto que sí! ¿Se te olvida con quién estás hablando? Solo dame un par de horas y mando a que lo traigan.

Mientras tanto ellos dos revisaron el mapa de la zona e identificaron los dos pueblos más cercanos.

—A estos dos hay que ir —sentenció Ranger—. Primero estación de policía luego hospitales, luego nos reunimos aquí cuando el helicóptero traiga a Káiser.

Max hizo las gestiones pertinentes y luego Ranger lo dejó en uno de los pueblos antes de dirigirse al otro.

Por desgracia no era sencillo encontrar a alguien cuando la foto que se tenía de él era la de un chico sexi y coqueto, y lo que habían visto la gente en el hospital era un hombre completamente cubierto de sangre, herido y medio muerto. Así que Ranger estaba bastante seguro de que la identificación visual sería un problema.

Horas después, sin embargo, la única ayuda que necesitaban se bajaba de aquel helicóptero con un peto de protección, una correa que no lo detendría, y un bozal.

Ranger adoraba a aquel condenado pastor belga, pero no le hizo ni un solo mimo porque había que ver cuál de los dos tenía el carácter más jodido cuando se trataba de trabajo, y era evidente que Káiser ya sabía a lo que iba.

Nadie sabía por qué aquel perro era más grande de lo normal, pero ciertamente intimidaba, y Ranger se aseguró de dejarle puesto el bozal después de darle a oler ropa sucia de Sebastián. Fue solo cuestión de unos segundos para que el perro siguiera que el rastro a quince metros de la carretera, confirmando que en efecto aquella era su sangre, y también bastaron un par de minutos para que Káiser se sentara a la vera del camino, como una declaración de que el rastro que podía perseguir terminaba ahí.

—Quiere decir que lo subieron a un auto —murmuró Max—. Así que vamos al pueblo más cercano, veremos qué sucede.

Por el camino ya iban haciendo sus planes, mientras Káiser descansaba tranquilamente en el asiento trasero de la camioneta, hasta que se detuvieron a la entrada del pueblo.

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