CAPÍTULO 24. Lo único que te queda en el mundo
Si era honesto, ella empezaba de cero y él con media botella. Así que básicamente los dos estaban en el mismo punto.
—¿Cómo pueden beberse esta basura? —rezongó ella después del primer trago.
—Por el efecto, el sabor es lo de menos —replicó él.
Lynett sintió aquel calor que hacía pesados sus muslos y aflojaba sus rodillas, y asintió.
—Voy entendiendo…
Salió por un segundo y regresó con una botella pequeña y un aplicador.
—Protesta, que si no protestas me siento rara —gruñó mientras se sentaba sobre el escritorio y agarraba la mano pegada de Elijah, tratando de disolver el pegamento entre sus dedos con un aplicador.
—Qué diablos estás haciendo… no busques excusas para acercarte… bla bla bla… —rezongó él bebiéndose otro vaso de brandy de un tirón.
—Te falta lo de que no me lo vas a agradecer —le recordó ella.
—¡Ah eso! Y no te lo voy a agradecer…
Los dos rieron por lo bajo, pero cinco minutos después ella lo dejaba listo para una nueva torpeza, y acomodaba su trasero en aquella esquina del escritorio mientras bebía y lo veía tratar de arreglar la caja de música.
Una hora después, mientras le despegaba los dedos por tercera vez y lo escuchaba maldecir por todo lo alto, una risita con hipo escapó de su boca.
—¡Eres más torpe que una cabra borracha! —se ahogó.
—¡Lo dice la cabra borracha! —rezongó él—. ¡¿Por qué la ebria eres tú y el que se pega los dedos soy yo?!
—¡Porque por una maldit@ vez estás arreglando lo que rompiste! —se rio ella, aunque tenía tantas ganas de llorar que no entendía por qué estaba riendo—. …Ahora solo falta que me arregles a mí…
Elijah pestañeó despacio y alcanzó su cara, mirándola a los ojos en medio de aquella sensación de vértigo.
—Tú todavía no estás rota —siseó—. Te veo bastante bien.
—Todavía… —susurró Lynett y un instante después la carcajada sonora llenaba el ambiente—. Tú tampoco estás mal…
—¡¿Ah no?! —rio Elijah con tono coqueto y para aquel punto era obvio que no estaba en sus cinco sentidos, porque coquetear abiertamente con aquella mujer no era algo que habría hecho sobrio.
—No… de hecho creo que eres muy guapo… de verdad lo eres, por fuera… muy afuera… así en la superficie… como para pasarte…

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