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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 23

CAPÍTULO 23. Nada que perder.

Les gustara o no, para aquel punto la cadena televisiva no podía parar aquella entrevista sin crear un escándalo aun mayor y o a costa de los entrevistados, sino de su propia periodista, así que dejaron el programa correr mientras varios participantes de la audiencia se levantaban y les hacían preguntas a Elijah y a Lynett.

Unas demasiado inocentes, como dónde se habían conocido. Otras demasiado invasivas, como cuál era su posición favorita.

—¡El sofá! —exclamó Elijah levantando un puño a modo de vikingo victorioso—. No sé si cuente como una posición, pero ¡el sofá!

Un coro de voces masculinas casi aullaron en respuesta y Lynett golpeó su hombro.

—¡Elijah!

—¿Quéeeeee? Nena, ya todo el mundo sabe que somos unos calenturientos, ¿para qué lo vamos a negar?

Un segundo después salía en la pantalla trasera una foto de ellos en aquel sofá de la casa de modas, bastante decente siendo que la habían tomado desde una ventana alejada, y Lynett se cubrió el rostro, avergonzada, mientras Elijah la abrazaba entre risas y besaba su cabeza.

—¡Y ha quedado demostrado! —se carcajeó él.

Solo algunos minutos después el asistente de dirección del programa les avisó que ya debían terminar, y alguien del público pidió el cierre perfecto. En segundos la audiencia estaba coreando un sonoro: “¡Que se besen!”, y Elijah se echaba sobre Lynett en aquel sofá, besándola con la misma posesividad de siempre.

—¿No hay una cortina aquí? —se burló un minuto después—. ¡Alguien que eche una cortina o van a ver mi trasero en televisión nacional!

El programa fue indudablemente un éxito, y para cuando las luces se apagaron y la cámara dejó de grabar, los labios de Elijah se separaron de Lynett con algo parecido a un gruñido molesto, aunque nadie sabría que era por tener que soltarla.

—¡Estamos bien! —suspiró la publicista con tono aliviado—. Las encuestas están dando resultados increíbles, en las redes la respuesta es muy buena. Ahora solo tienen que mantener la… actitud otro poquito. ¿De acuerdo?

Elijah asintió con un gruñido y poco después se marchaban a casa en el más absoluto silencio.

Lynett apoyó la cabeza en el respaldo del asiento y simplemente se dejó llevar. Ni siquiera podía explicar lo duro que era para ella haber sido el centro de un escándalo así, era el único momento en que su corazón agradecía que su padre no estuviera allí para ver su vergüenza. Quizás a otras mujeres les pareciera hasta divertido, pero para ella pasar como una mujer “caliente” en televisión nacional solo era una humillación más.

Sin embargo, todos aquellos terribles sentimientos solo se exacerbarían al llegar a casa y encontrar aquel paquete en su puerta.

—¡No lo toques! —gruñó Elijah tirando de su mano para ponerla detrás de él, porque le constaba que la gente era capaz de todo—. Puede ser algo malo.

Pero Lynett había alcanzado ya a leer el nombre en la etiqueta y trató de soltarse.

—¡No, espera, dice que es de mi padre…! ¡Elijah, maldición, no lo patees! —gritó desesperada al escuchar el sonido de algo rompiéndose—. ¡¿Qué crees que si es una maldit@ bomba no va a explotar si la pateas!?

Lo empujó lejos de la caja y la levantó apresurada, escuchando el sonido doloroso de piezas cayendo.

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