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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 21

CAPÍTULO 21. Maldit@ tentación

¿Gracioso? No, para nada. Y en los ojos de Elijah Vanderwood Lynett podía ver perfectamente lo poco que le agradaba aquello, así que literalmente su único consuelo era que ninguno de los dos lo iba a disfrutar.

—Míralo por el lado bueno —siseó él—. Así aprovechas para comprar ropa decente para la entrevista.

—¿No me dijiste que no me pagarías nada? —murmuró ella tratando de retroceder.

—No te preocupes, ya buscaré la forma de que me lo devuelvas —gruñó Elijah y por un momento la vio apretar los labios.

—Claro, descuéntamelo de mi salario de empleada desagradable… aunque no creo que me pagues tanto.

Elijah abrió la boca pero ni un solo sonido salió de ella mientras la veía marcharse de su habitación con los puños apretados. Las reacciones eran lentas, pero eventualmente parecía que aquella mujer dejaba de llorar y empezaba a responder, y por contradictorio que pareciera, prefería una reacción real a las lágrimas de cocodrilo.

Una hora después y tal como les había instruido la publicista, se paseaban por la 5ta Avenida, de la mano, tomando helado hasta llegar a una de las casas de moda más exclusivas de Nueva York.

Elijah jamás había salido a comprar con una mujer, y Lynett solo pudo esbozar una sonrisa al darse cuenta de cuánto odiaba hacerlo con ella. Y por supuesto que todo fue peor cuando lo sentaron en un sofá frente a una pequeña pasarela y pusieron frente a Lynett más de veinte perchas con ropa para probarse.

—¡El infierno! —rezongó Elijah, pero ni siquiera imaginaba el nivel de fuego que lo quemaría en el mismo momento en que la vio salir del probador en uno de aquellos trajes elegantes y coquetos.

Y entonces lo supo: por qué lo atraía tanto. Porque sin importar que fuera tapada del cuello a los tobillos, la sensualidad de aquella mujer estaba en su expresión, en su carácter, en su sonrisa, sin importar la ropa que usara.

—Ese está bien —gruñó mientras ella daba la vuelta reglamentaria y cruzó las piernas cuando los diseños comenzaron a tener menos tela—. Ese no, no eres una mujer de la vida galante.

—Las putas no llevan las faldas bajo la rodilla —replicó ella.

—Eso es cierto, las mejores usan trajes elegantes de Chanel. Ve a quitarte eso —espetó Elijah y agonizó en la siguiente hora, sabiendo que les estaban tomando fotos desde algún lado, y con ánimo de terminarlo le hizo un gesto a Lynett para que se acercara.

—¿Hora del show? —preguntó ella estrujando la falda con los puños apretados.

—O puedo hacer que te pongas la lencería.

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