CAPÍTULO 20. Una pesadilla
Pero ninguna de las dos cosas ayudaba. Aquel toque cálido y sensible había sobresaltado a Elijah, pero saber que la mano que lo acariciaba era la suya no haría que se moviera menos.
—¿Qué estás haciendo, Lynett? Déjame —intentó refunfuñar, pero ella simplemente lo sujetó por el elástico del pantalón.
—No te muevas, deja de ser tan odioso —gruñó entre dientes—. Solo estoy tratando de ayudarte. ¿O me vas a decir que no te duele?
Elijah apretó los dientes, pero antes de abrir la boca para decir que prefería que le doliera, las manos de Lynett recorrieron todo su costado izquierdo, extendiendo aquella crema que empezaba siendo fría como un pedazo de hielo y luego iba tornándose caliente a medida que lo masajeaba.
Era un odioso, cierto, pero relajarse solo hizo que el dolor aumentara y Elijah apoyó los puños en la encimera, inclinando la cabeza hacia adelante y dejándola hacer. Cinco minutos después los dedos de Lynett abandonaron su cuerpo y él se dio cuenta de la sensación de ausencia tan profunda que le dejaban.
Se dio la vuelta para mirar a su rostro y solo la vio desviar la mirada mientras aquel color rosado le teñía las mejillas. No podía entender aquel gesto de cuidarlo, siquiera de hacerlo sentir bien por un solo instante porque nada en él lo impelía a hacer lo mismo por ella.
—Vas a estar bien pronto… —murmuró Lynett dándose la vuelta y la voz de Elijah la detuvo.
—Esto no significa nada para mí ¿entiendes?
—Lo sé, significa para mí y eso basta —replicó ella y pasó saliva cuando lo sintió acercarse a su espalda, y aquel calor compartido los paralizó a ambos.
—Ahórrate el teatro conmigo. Después de todo lo que ha pasado tienes que odiarme a estas alturas —murmuró él con sorna y Lynett se dio la vuelta para mirarlo a los ojos.
—Mi padre no me enseñó a odiar, así que no te odio… —le dijo con tanta sinceridad que Elijah apretó los labios para no besarla—. Y no te odio porque no te entiendo. No entiendo por qué me haces esto, no entiendo por qué me maltratas, pero… pero cuando lo entienda te voy a odiar. Así que no te desesperes, ya llegará.
Verla marcharse apurada a su habitación de sirvienta hizo que Elijah se mesara los cabellos con la única mano que podía levantar sin dolor, pero ese calor en su costado sería un recordatorio para toda la noche de las cosas que sentía cuando aquella mujer lo tocaba.
Y para su suerte o su desgracia se durmió pensando en eso… en eso y en todas las cosas que sentía por ella, y que no había sentido en cambio por una mujer a la que de verdad había amado.
Sus ojos se cerraron pensando en ella, y aquel sueño recurrente volvió a él:
****
“El sonido de las olas detrás de ellos era hermoso y triste a la vez. La expresión de Joss era risueña mientras le contaba que aquel sería el último despliegue para ella, que por fin dejaría el ejército y que cuando regresara, dentro de otro año, se casarían y serían felices para siempre.
Sin embargo el pensamiento de Elijah estaba muy lejos en ese instante, a la distancia de un corazón entero.
—No vuelvas por mí —le dijo tomando su mano y quitándole el anillo de compromiso.
—¿Qué…? —La expresión horrorizada en los ojos de su novia le punzó el corazón—. ¡¿Elijah de qué hablas?!
—Estoy cancelando nuestro compromiso. Ya no nos vamos a casar —sentenció él con firmeza mientras guardaba el anillo en su saco para que no hubiera dudas.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana