TOMO 2. CAPÍTULO 80. El kit perfecto
Se necesitó una cazuela de agua, que Lynett le dejó caer encima para que Elijah reaccionara como si garzón lo hubiera pateado.
—¡Lo siento, lo siento…! —Fue lo único que lo escucharon susurrar, pero un instante después escuchaban otro ruido afuera y Rufus le hacía una señal a Lynett.
—Hija, allá afuera tienes visita, ¿me das un momento con mi hijo? —le pidió con dulzura mientras señalaba a la puerta por la que se veía llegar a Blair.
—Claro, pero no me le desajuste los pocos tornillos que le quedan ¿de acuerdo? —replicó Lynett inclinándose para darle a Elijah un beso en los labios antes de salir.
Si era honesta había esperado muchas reacciones, desde la consternación hasta la incredulidad, pero el desmayo no era una de ellas.
—¿Y no lo grabaste? —rezongó Blair abrazándola y tratando de asomarse a la puerta para ver a Elijah—. Leí unas novelas pro ahí donde los personajes se grababan unos a otros todos estos momentos vergonzosos, ¡tengo que instaurar esa tradición en esta familia!
Lynett rio con suavidad, pero se la llevó al porche y se sentaron como viejas amigas a hablar de las citas para el médico y de la alegría tan grande que era otro bebecito en la familia, más si se trataba de uno suyo con Elijah.
Adentro, Rufus palmeó el hombro de su hijo ates de darle un abrazo, sin importarle para nada lo mojado que estuviera.
—Vamos, ármate de valor, muchacho, que ahora viene todo lo bueno —le dijo, pero por la expresión de su hijo ya sabía todo el temor que lo estaba carcomiendo.
—¿Y si… y si no lo hago bien? —murmuró Elijah agachando la cabeza—. Dios es testigo de que no lo he hecho bien hasta ahora y yo… —Por un segundo se mordió la lengua, pero a aquellas alturas ya no valía guardarse nada, porque su padre posiblemente lo supiera todo—. Ni tú ni yo sabemos qué m*****a sangre tengo, pero lo que sí es seguro es que no es buena.
Rufus esbozó una sonrisa triste y negó con un largo suspiro.
—Ahí es donde te equivocas. La sangre es lo de menos. Tienes mi corazón y eso es todo lo que necesitas. También eres medio bruto, ¡eso no se puede negar! Pero todo lo bueno que hay en mí, hijo, te aseguro que tú lo tienes también, y si yo logré criar cinco varones con un grado moderado de taradez, entonces tú puedes criar a tu hijo para que sea un poco menos patán mentecato que tú. Además, tenemos la ventaja de que su madre es muy inteligente, así que tranquilo. ¡Todo saldrá bien! —lo animó Rufus pero la cara de Elijah se descompuso.
—¡Pero tú lo dijiste! ¡Criaste cinco varones! ¡¿Y si resulta que es niña?!
—Pues para eso se hicieron las escopetas, las retroexcavadoras y las máquinas aplanadoras: el kit perfecto para esconder cuerpos de pretendientes potenciales —añadió Rufus levantándose y Elijah hizo lo mismo—. ¡Esto hay que celebrarlo, muchacho! ¡Alegría, alegría…! ¡Joder, tengo que comprar más potrillos! ¡A celebrar!
Por supuesto que lo que salió de aquella cabaña fue un huracán de felicidad que de inmediato comenzó a planificar una fiesta para anunciarle al resto de la familia que venía otro Vanderwood en camino.
Blair por supuesto que le siguió la corriente porque le encantaba aquello de planear eventos con su suegro, y mientras se marchaban, Elijah se acercó a Lynett, abrazándola por la espalda mientras apoyaba la barbilla en su hombro.

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