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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 2

TOMO 2. CAPÍTULO 79. Más que una ligera avería

Lynett conocía aquella sensación de sentirse cansada, abatida, como si solo quisiera echarse a dormir como un gato gordo todo el día. Pero por otro lado se sentía feliz, así que no tenía ningún sentido estar feliz, deprimida y dormilona.

Estaba a punto de ir a pedirle a Blair que volviera a medicarla, hasta que se dio cuenta de que quizás esa no era su única razón para visitar una farmacia. Rebuscó entre todos sus artículos de tocador, exactamente todos, y no encontró ni una sola toallita sanitaria que pudiera confirmar que al menos había esperado su periodo en los últimos…

—¡Tres meses! —había exclamado dejándose caer en una silla mientras intentaba procesar el hecho de que podía estar…— ¡Embarazada…! ¡Ay Dios!

Pero la verdad era que la sorpresa le había durado lo justo como para subirse a la camioneta y decir que iba a comprar en el pueblo cualquier estupidez. En la farmacia más cercana había comprado tres pruebas de embarazo, y en todo el camino de regreso había estado pensando si quería decirle aquello a Elijah o si prefería asegurarse de que no se estaba solo haciendo ilusiones.

Sin embargo Elijah estaba a pocos días de comparecer en la Junta de Libertad Condicional de su madre, y Lynett sabía que eso lo traía con demasiada ansiedad encima. Así que había esperado, asustada y sola, mientras aquellas tres pruebas arrojaban exactamente el mismo resultado.

Lynett ni siquiera había sabido cómo se sentía hasta que había empezado a reír como una loca, y su primer movimiento había sido para acercarse a la mesa de trabajo y comenzar a dibujar.

El diseño era sin dudas inusual y difícil, pero ella estaba decidida a hacerlo una semana después, desvelada pero feliz, ya lo tenía perfectamente listo.

Y ahora estaba allí, en las manos de Elijah, que retrocedió como si acabara de recibir un golpe en pleno pecho. El hermoso envoltorio guardaba un regalo especial, una caja de música especial, una que le hizo un nudo en la garganta, asfixiándolo en un solo segundo. La cajita tenía forma de zapatitos de bebé, con hermosas incrustaciones en piedras rosadas y azules, y la música que salía de ella parecía una canción de cuna perfecta.

—¿Chiquilla…? —murmuró con desesperación mientras retrocedía—. ¿Qué… esto…?

Para cuando alzó los ojos hacia Lynett ya los tenía llenos de lágrimas, y la sonrisa de confirmación que vio en sus ojos terminó de hacerlas salir. Soltó la cajita sobre la isla y la abrazó, la abrazó escondiendo la cara en su pecho mientras dejaba salir aquellos sollozos que parecía que habían estado conteniendo por demasiado tiempo.

—Dime que es en serio… —hipó sin poder evitarlo—. ¡Por Dios, chiquilla dime que es en serio! ¿Estás…?

Le daba miedo hasta preguntar, pero Lynett acarició su cabello mientras besaba sus mejillas con suavidad.

—Sí, es muy en serio. Tengo tres pruebas de embarazo que lo confirman —le susurró y tuvo que bajarse de la mesa porque parecía que Elijah había perdido hasta el último gramo de sus fuerzas, y se dejó resbalar contra la encimera llevándola encima de él.

Cada abrazo, cada beso, cada segundo estaba lleno de terror para él, de recuerdos que lo llenaban de miedo y de una esperanza feroz por ese futuro que estaba tocando a su puerta.

¡Un bebé! ¡Un bebé con ella!

Jamás había habido otra mujer con la que deseara un bebé más que con ella, y aun así estaba tan asustado que no podía dejar de llorar.

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