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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 2

TOMO 2. CAPÍTULO 78. Un regalo perfecto

Un mes en el infierno. Eso era lo que prometían ser esas semanas previas a la junta de libertad condicional en la que Elijah y Rufus testificarían a favor de Adaline para que la dejaran salir por fin. Un mes de rencores, dolor, ansiedad y malos recuerdos.

Pero aunque Lynett se preparó para todo eso, lo único que obtuvo fue un hombre que se acurrucaba contra ella en las noches en silencio, insistía en cocinar juntos aunque incendiaran media cocina, o le hacía el amor como si fueran las dos últimas personas después de un apocalipsis y les tocara repoblar la Tierra.

—¿Hey, muñeco? ¿Estás bien? —preguntaba cada algunos días y solo lo veía sonreírle.

—Necesitamos más sol. Vamos afuera, la primavera está linda —le respondía él.

Y si bien pasear por los mil senderitos que él había ido construyéndole para que pudiera pasear sin perderse era lindo, en cierto punto Lynett se dio cuenta de que prefería estar adentro.

—¿Es hoy? —lo increpó Lynett viendo cómo Elijah se ajustaba aquella corbata frente al espejo, y él se sacudió las solapas del traje con un gesto mecánico.

—¿Sabes? —fue su respuesta y Lynett asintió.

—Sí. ¿Quieres que te acompañe? —le preguntó porque estaba segura de que aquel sería un momento muy difícil para él, pero Elijah solo se inclinó sobre la cama, negando mientras le daba un beso.

—No, voy a ir con mi padre, estaré bien, te lo prometo —le aseguró y Lynett respiró profundo mientras la camioneta se alejaba y ella regresaba a su nuevo proyecto.

Era personal y solo trabajaba en él cuando Elijah no estaba, porque quería esperar un día especial para regalárselo. Y de todos los días, quizás no hubiera uno en que Elijah necesitara un regalo tanto como aquel.

Pasó la mañana apurada, apenas le dio tiempo de comer algo, y luego se apresuró otra vez para terminar el trabajo lo más pronto posible. Para las cinco estaba completamente exhausta pero por fin había podido poner un moño de regalo sobre aquella pieza. Así que se acostó y dejó que el sueño la arrastrara porque estaba demasiado cansada.

Elijah, por su parte, se aguantó en silencio todo el camino hacia Houston, hacia el correccional hacia donde habían vuelto a trasladar a Adaline. El señor Rufus iba a su lado, meditabundo y cabizbajo, pero Elijah sabía que no había ningún tipo de rencor en su corazón. El anciano había vivido lo suficiente como para solo enfocarse en lo bueno que le sucedía a su familia, y en la mejor forma de protegerlos.

Él fue el primero en entrar a declarar, y salió de aquella sala con un suspiro de alivio, como si se hubiera quitado un peso de encima. Elijah le siguió, y para su sorpresa, no sitió absolutamente nada mientras le explicaba a aquel tribunal por qué estaba de acuerdo con la liberación de su madre, y que sabía que la pensaba que ya había cumplido su castigo.

Se quedaron allí casi todo el día, esperando que las demás declaraciones terminaran y que el tribunal se reuniera en privado para deliberar, pero para ninguno de los dos fue una sorpresa que por fi le concedieran a Adaline salir de la cárcel, después de todo la palabra de un Vanderwood era muy influyente.

—Ya está hecho —sentenció Rufus una vez que les dieron la noticia—. Ahora dame un momento para ponerme de acuerdo con el oficial de libertad condicional que se quedará a cargo de ella, no quiero que le permitan acercarse a nosotros por ningún motivo.

Rufus lo dejó solo por un segundo y Elijah cerró las manos en puños mientras pensaba en si quería realmente hacer aquello o no; pero finalmente se acercó a uno de los guardias de seguridad y le pidió cinco minutos a solas con su madre.

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