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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 19

LA TRAMPA PERFECTA. CAPÍTULO 19. ¿Qué va a pasar ahora?

—No te levantes —susurró en su oído y Michelle sintió que se le erizaba hasta el último cabello.

Abrió los ojos con un ronroneo y se quedó mirando a la línea dura del pecho de Sebastian, donde tenía apoyada la cabeza.

—¡Dios, príncipe, no me malentiendas, estás más bueno que el pan, pero estos pectorales no son para dormir contra ellos, me va a da tortícolis! —rio ella suavemente.

—No hay problema —sonrió Sebastian dándole la vuelta y abrazándose a su espalda—. Si es por eso, puedes dormir contra otra cosa.

Michelle cerró los ojos y apretó los labios a ver si no se le notaba tan descaradamente la excitación, pero el miembro de aquella bestia restregándose contra su trasero en pleno amanecer no daba nada de risa.

—Dime por Dios que esa es “la involuntaria matutina” —lo increpó y solo le escuchó un gruñido de satisfacción mientras se apretaba aun más contra ella.

—No creo que yo haya hecho nada como esto de forma involuntaria alguna vez. Pero si te refieres a que no lo puedo controlar… no, la verdad es que ni quiero, ni puedo.

Michelle ahogó un gemido cuando él volvió a girarla para quedar sobre ella, y la besó con un sentido de posesión y de dominio que jamás había sentido antes. Sintió que su cuerpo se derretía con cada caricia y esta vez no le preguntó si podía con aquello, porque herido y todo, él ya había demostrado de sobra que podía.

Media hora después, con la respiración entrecortada y el alivio en el cuerpo, Sebastian la arrastró al baño y terminó de descubrirla ¡otra vez!

—¿Quieres que te queme el desayuno? —le preguntó Michelle con una sonrisa, poniéndose un mono suave de hilo que le llegaba a los tobillos.

—¡Uf, qué linda! —Sebastian le dio una vuelta coqueta, porque verla en un mono de tirantes era como ver todavía a la colegiala sexi que seguro había sido—. Y me encanta tu sinceridad, pero aspiro a que si te superviso no quemarás nuestro desayuno.

—¡Pues supervíseme, señor! —lo retó ella y con eso quería decir que iba a hacer él el desayuno.

Comieron entre risas y Michelle se dijo que aquel hombre realmente se veía lindo cuando estaba de buen humor.

—¡Dios, normalmente te pareces a un príncipe, pero cuando estás bien follado escalas a categoría “rey”!

—¡Michelle! —intentó regañarla él, pero ya se estaba acostumbrando al hecho de que no tuviera filtro.

¡Había cosas que simplemente no se podían arreglar!

—Bueno… ¿quieres decirme cómo vamos a hacer ahora? —preguntó ella poniéndose seria de repente.

—¿Qué quieres decir? —replicó Sebastian con curiosidad.

—¿Vamos a comportarnos como una pareja? Digo… ¿voy a poder dormir en tu cama?

—Técnicamente, es “tu” cama —le recordó él.

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