Entrar Via

LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 99

C99- REVELACIONES.

El impacto de aquellas palabras resonó como un trueno, dejando al salón en un silencio sepulcral. Los murmullos y miradas curiosas de los invitados se disiparon al instante, sustituidos por expresiones de asombro e incredulidad. Algunos abrieron la boca, incapaces de articular palabra, mientras otros intercambiaban miradas, intentando comprender lo que acababan de presenciar.

Alessia quedó inmóvil, congelada por el peso de la revelación. Su rostro pasó rápidamente de la burla al horror, y sus labios temblaron, incapaces de formar palabras. Sus ojos, abiertos como platos, se movían frenéticamente entre Alexander y Grace, como si intentara procesar lo imposible.

—¿Qué… qué estás diciendo? —balbuceó, su voz quebrada y vacilante—. Eso no puede ser verdad. ¡Es una mentira!

Alexander mantuvo su postura firme, su mirada fija en ella, imperturbable.

—¿De verdad crees que mentiría sobre algo así? —respondió con frialdad—. ¿Crees que arriesgaría mi nombre, mi familia y mi legado por algo tan grave? Esto no es una excusa, Alessia. Es la verdad. Y ya has causado suficiente daño.

Con un gesto, Alexander llamó a sus guardias de seguridad.

—Sáquenla de aquí. Y asegúrense de que no vuelva a acercarse a ninguno de nosotros.

Los hombres asintieron y comenzaron a escoltar a Alessia fuera del salón. Ella forcejeaba, balbuceando excusas y negaciones, pero su voz se apagaba en el aire cargado. Su derrota era evidente, tanto en su mirada perdida como en sus pasos tambaleantes.

En medio de la tensión, Mateo se acercó a su padre. Su mirada estaba fija en Grace, pero sus palabras fueron directas.

—Papá, iniciaré los procedimientos legales. Alessia no puede quedar impune.

Alexander asintió con gravedad.

—Encárgate de todo, hijo. Y deja que los Stanton eleven los cargos.

Mientras tanto, Grace permanecía junto a Lucien, sus manos manchadas de sangre y su mente atrapada en un torbellino de emociones. Las palabras de Alexander resonaban en su cabeza: "Ella es una Blackwell. Ella es mi hija." Pero no había tiempo para procesarlo. La realidad la golpeó cuando Lucien gimió de dolor, devolviéndola al presente.

Alexander dio un paso hacia ella, pero Grace lo detuvo con un tono firme.

—No ahora, Alexander. Necesitamos ayuda. Ahora.

Él asintió, girándose hacia su asistente más cercano.

—Llama a un médico. Rápido.

Minutos después, la ambulancia llegó. Los paramédicos se apresuraron a atender a Lucien, encontrándolo en el suelo con Grace aún presionando la herida en su hombro.

—Por favor, cuídenlo. ¡No lo dejen solo! —suplicó Grace, sin apartarse ni un segundo.

Alexander observaba desde la distancia, con emociones cruzadas reflejadas en su rostro. Quería acercarse, decirle algo a Grace, pero las palabras se quedaban atrapadas en su garganta. Finalmente, permaneció inmóvil, como si una barrera invisible lo separara de ella.

Cuando los paramédicos levantaron a Lucien en la camilla, Grace no dudó en seguirlos.

—Voy con él —dijo, decidida, ignorando cualquier protocolo.

Uno de los paramédicos asintió, permitiéndole subir a la ambulancia. Antes de que las puertas se cerraran, sus ojos se cruzaron con los de Alexander. En ese breve instante, ambos compartieron una mezcla de confusión, dolor y miedo.

La ambulancia se alejó, dejando a Alexander en la entrada del salón, rodeado por los restos de una fiesta arruinada. Observó las luces desaparecer en la distancia, mientras un peso insoportable se asentaba en su pecho. ¿Había cometido un error al revelar la verdad? ¿Perdería a Grace antes de siquiera haberla recuperado?

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami!