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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 185

C185- CATALINA ROSE.

Cuando llegaron al hospital, las contracciones de Kate eran cada vez más intensas. Aaron apenas logró estacionar el auto antes de correr hacia el lado del pasajero para ayudarla a salir. Kate apretaba su vientre con una mano mientras la otra se aferraba al brazo de Aaron.

—¡Aaron, me duele! —jadeó, su rostro contraído por el dolor.

—Lo sé, cariño, lo sé. Estoy aquí contigo, todo va a estar bien —dijo él, con la voz temblorosa pero tratando de sonar calmado.

Mientras entraban al hospital, Aaron prácticamente detuvo a la primera enfermera que vio.

—¡Mi esposa está teniendo al bebé! ¡Necesitamos ayuda! ¡Ahora! —exclamó, ansioso, casi desesperado.

La enfermera, acostumbrada a lidiar con futuros padres nerviosos, sonrió con calma y asintió.

—Tranquilo, señor. Vamos a llevarla a una sala de parto inmediatamente.

Pero justo cuando la enfermera iba a buscar una silla de ruedas, Kate soltó un jadeo más fuerte y se dobló ligeramente hacia adelante.

—¡Aaron! —gritó, y en ese momento, su fuente de agua se rompió, empapando el suelo.

Aaron se quedó congelado por un segundo, mirando el charco en el piso.

—¿Eso es normal —preguntó, claramente en pánico.

La enfermera lo miró con una mezcla de paciencia y diversión.

—Sí, señor, es completamente normal. Ahora, por favor, acompáñenos.

—¡Pero vio eso! ¡No pierda tiempo! —dijo Aaron, señalando el suelo con una mano y sosteniendo a Kate con la otra.

Un equipo de médicos y enfermeras apareció rápidamente y llevaron a Kate en una camilla hacia la sala de parto. Aaron iba a su lado, sosteniendo su mano, aunque sus propios nervios lo traicionaban.

En la sala de parto, el ambiente era intenso. Kate respiraba con dificultad, sus manos apretadas alrededor de las de Aaron. El dolor era abrumador, pero ella no dejaba de mirar a su esposo, buscando consuelo en sus ojos.

—Aaron... me duele... mucho... —jadeó, sus palabras entrecortadas.

Aaron se inclinó hacia ella y tomó su rostro entre sus manos por un momento, ignorando a los médicos que trabajaban a su alrededor.

—Lo sé, mi amor. Lo sé. Pero tú puedes con esto. Eres fuerte, Kate, la mujer más fuerte que conozco. —Su voz se quebró un poco, pero continuó—. Te amo más que a mi propia vida. ¿Sabes eso?

Kate, a pesar del dolor, logró esbozar una sonrisa débil.

—Yo también te amo...

Aaron la besó suavemente en la frente.

—Eres el amor de mi vida, Kate. Desde que te conocí, no he tenido ojos para nadie más. Y no importa lo que pase, siempre serás tú. Siempre. —Se inclinó y la besó en los labios esta vez, con todo el amor y la devoción que sentía.

Kate asintió, conmovida, mientras una nueva ola de contracciones la sacudía. Aaron no soltó su mano ni por un segundo.

—Estoy aquí, Kate. Estoy contigo. Vamos a conocer a nuestra hija, juntos.

Y el momento llegó.

Después de lo que pareció una eternidad, el llanto de un bebé llenó la sala. Aaron sintió que su corazón se detenía y luego explotaba de felicidad. Una enfermera sostuvo al recién nacido y lo envolvió con cuidado antes de acercárselo.

—Es una niña sana —anunció con una sonrisa.

Aaron tomó a la bebé en brazos, sus manos temblando mientras la miraba por primera vez. La pequeña Catalina Rose tenía la piel rosada, unas mejillas regordetas y unos mechones de cabello rubio que ya prometían ser suaves y brillantes. Sus ojos, aún cerrados, parecían esconder todo un mundo de posibilidades.

Su voz era apenas un susurro, rota por la emoción.

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