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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 96

C96- ¿DE VERDAD ERES UN DUQUE?

La habitación se llenó de un silencio incómodo cuando la nana suspiró y bajó la mirada.

—Le dije la verdad, mi niña. Le conté lo que te hizo tu padre… y que él tiene la culpa.

Grace sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo.

—¡Nana!

La mujer levantó la mirada, firme pero con un dejo de tristeza en los ojos.

—¿Qué? Es la verdad. Ese hombre es un cobarde. Si hubiera dado la cara, tú no habrías pasado por todo aquello. Tiene su parte de responsabilidad. Por eso no me dio lástima cuando lloró.

—¿Lucien… estaba llorando? —Grace sintió cómo se le trababa la voz. Era como si la imagen que tenía de él se derrumbara frente a sus ojos.

—Como un bebé, mi niña —respondió la nana, asintiendo con seriedad—. Pero es lógico. Los cargos de conciencia pesan. Así que no le tengas lástima.

Grace no pudo responder. Sus pensamientos iban y venían como un remolino. Trató de imaginar a Lucien, tan frío y seguro, derrumbándose de esa manera, y no pudo evitar que algo en su interior doliera.

La nana le apretó la mano con suavidad, sacándola de su ensimismamiento.

—Pero no pienses en eso ahora, ¿sí? Lo único importante son tus hijos. Dime, ¿qué piensas hacer?

Grace suspiró, intentando aclarar su mente.

—Por lo pronto… asistir a una fiesta. Y luego hablaré con Lucien sobre ellos. Tal vez podamos llegar a un acuerdo: que él los tenga los fines de semana y yo el resto del tiempo.

La nana levantó una ceja, sorprendida.

—Eso me parece bien, mi niña. No es bueno que los separes de su padre. Pero, con respecto a lo otro… ¿es en serio? Apenas llego y tú ya te vas.

Grace esbozó una sonrisa, a pesar de todo.

—Nana, no voy porque quiera. Es una obligación, nada más.

La mujer la miró por unos segundos antes de resignarse y asentir.

—Bien. Entonces tendré que ayudarte. Si mal no recuerdo, tardabas horas en arreglarte.

Grace soltó una carcajada.

—Te sorprenderías de cuánto he cambiado. Ya no soy esa Grace Bradford.

La nana le dio una sonrisa pícara mientras acomodaba un mechón de cabello de Grace detrás de su oreja.

—Tal vez… pero yo sigo viendo a mi niña aquí.

Grace no pudo evitar reírse, esta vez con más sinceridad. Por primera vez en mucho tiempo, sintió una pequeña chispa de paz encendiéndose dentro de ella.

Y mientras se preparaba, Grace no podía dejar de pensar en las palabras de su nana. La verdad había salido a la luz, pero con ella venían emociones que no sabía cómo manejar.

¿Cómo podía ignorar lo que acababa de escuchar? ¿Cómo podía seguir adelante sin pensar en Lucien, en sus lágrimas, en lo que todo eso significaba?

[*]

La noche era fría, pero la elegancia del evento parecía envolverlo todo en un aire de sofisticación. Grace entró al salón, llevaba un vestido negro que abrazaba su figura con una perfección casi irreal, y su cabello caía en ondas suaves sobre sus hombros.

La opulencia en el salón era abrumadora. Las familias más influyentes estaban allí, conversando en pequeños grupos, sus risas y murmullos llenando el aire. Grace sintió las miradas sobre ella al entrar. Algunos susurraban, otros simplemente la observaban con curiosidad o juicio. Pero ella mantuvo la cabeza en alto, no les daría el gusto de verla tambalearse.

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