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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 94

C94- AUTODESTRUCCIÓN.

CONSORCIO BLACKWELL & STANTON.

El silencio en la oficina era pesado. Solo el sonido del hielo derritiéndose en el vaso de whisky rompía la quietud. La botella, casi vacía, se inclinaba peligrosamente al borde del escritorio, como si compartiera el desajuste de su dueño. Lucien estaba allí, sentado en su silla, con los codos apoyados en la mesa y las manos sujetando su cabeza. Su cabello, siempre impecable, ahora estaba desordenado, y sus ojos rojos, hinchados, hablaban de las veces que había llorado.

Su cabeza repetía una y otra vez las declaraciones del ama de llaves. Y en su mente, la imagen de los trillizos recién nacidos siendo arrancados por William de su madre era lo más doloroso que Lucien había experimentado. Sus dedos temblaban al tocar el vaso, y con manos vacilantes, lo levantó.

Bebió de un solo trago todo el whisky, dejando que el alcohol quemara su garganta. Pero no era suficiente. Nada podía apagar el fuego que lo consumía.

—Maldito seas, William... —murmuró con odio. Y golpeó la mesa con el puño, haciendo que el vaso saltara y cayera al suelo—. ¡Maldito seas una y mil veces!

La ira lo hizo levantarse de golpe, tambaleándose un poco, y comenzó a caminar por la oficina, como un animal atrapado, sin rumbo. Su respiración se volvió más pesada, más rápida, y sus manos se cerraban en puños. Las palabras del ama de llaves resonaban en su cabeza: "Encerrada... sola..."

—¡Dios! —gritó, llevándose las manos al cabello, tirando de él, desesperado—. ¡¿Cómo pude no verlo?! ¡¿Cómo pude ser tan ciego?! ¡¿Tan cobarde?! ¡Mientras yo vivía mi vida, ella estaba muriendo lentamente en ese maldito infierno!

Se detuvo frente a la ventana, y presionó las manos en el ventanal, mirando la ciudad a través del cristal. Las luces parpadeaban en la distancia, pero no veía nada.

No podía ver nada.

Solo imaginaba a Grace, embarazada, asustada, encerrada en una habitación, rogando por una ayuda que nunca llegó. La idea lo desbordaba, lo destrozaba por dentro.

Cerró los ojos, como si al hacerlo pudiera apagar el caos en su mente. Pero en vez de encontrar paz, el recuerdo lo golpeó como un puñal.

«No ha venido mi periodo...

—¿Qué estás tratando de decir?

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