C93- LA CULPA DE TODO.
Lucien condujo al pequeño departamento que habían acordado como punto de encuentro. Cuando llegó, el investigador lo recibió con una expresión seria. Y no estaba solo. En una esquina de la sala, una mujer mayor esperaba, nerviosa, con las manos apretadas sobre su regazo.
—¿Es ella? —preguntó.
—Si, el ama de llaves de William Bradford —respondió el investigador ―Cuidó casi toda su vida de Grace, señor.
El corazón de Lucien dio un vuelco al escuchar el nombre de Grace. Sin esperar más, se sentó frente a la mujer, sus ojos clavados en los de ella, urgentes.
—Hable —dijo, más como una orden que una petición.
La mujer tragó saliva y miró al investigador, como buscando apoyo. Luego, con un hilo de voz, comenzó:
—Mi niña… Grace… Ella… —Hizo una pausa y respiró hondo, como si las palabras fueran un peso demasiado grande para cargar—. Sufrió mucho cuando el señor William la encerró, lo hizo apenas descubrió que estaba embarazada. Y se burló de ella cuando le confesó que usted era el padre.
Lucien sintió como si le hubieran dado un golpe en el estómago.
—¿Qué? —murmuró, inclinándose hacia adelante.
La mujer asintió mientras respondía.
—El le dijo que usted nunca la tomaria enserio, que habia sido una tonta que tiró a la basura su futuro por querer atraparlo. Mi niña le dijo que no era asi, que ella no queria molestarlo, que lo unico que queria era tener a su bebé. Pero el, la golpe en respuesta y luego la encerró. Y sin ninguna asistencia médica — los ojos del ama de llaves se llenaron de lágrimas—. Ella… ella dio a luz a sus bebés en la mansión, y… y… cuando nacieron…él… ¡él se llevó!
El silencio que siguió fue insoportable. De repente, Lucien se levantó de la silla, golpeando la mesa con un puño.
—¡Maldito bastardo! —gritó, llevándose las manos al cabello. Su respiración era errática, y en sus ojos se reflejaba no solo rabia, sino culpa. Culpa por haberla juzgado. Por haberla dejado sola cuando más lo necesitaba. Por haberle dicho cosas tan hirientes.
La ama de llaves lo miró con cautela, pero continuó:
―Mi niña quedó destrozada. Ella lloró por días, no lo aceptaba. Y cuando… cuando el señor William le dijo que habían muerto… ella… ―la mujer trago y cerró los ojos como si recordar ese episodio abriera viejas heridas ―… ella muchas veces quiso quitarse la vida.
Lucien no podía respirar, sentía que el aire no llegaba a sus pulmones. La frase: quitarse la vida, fue como un eco en su cabeza interminable.
―Dios… ―susurró ―¿Qué mierd@ hice?
—Eso no es todo, señor. ―continuó la mujer, esta vez llenándose de valor ―Él… Él planeaba casarla con un hombre peligroso.
Lucien se giró hacia ella, sus ojos brillando por las lágrimas contenidas.
—¿Qué dijiste?
La mujer dudó un segundo, pero finalmente asintió.
—Sí… él… no solo les quitó a los bebés, también iba a casarla con ese hombre. ¡Un hombre horrible! El amo William cambio de la noche a la mañana, nunca habia sido amoroso con ella y le exigía perfección… pero nunca trato con tanta crueldad a su hija. Pero de repente… él se volvió un demonio y era como… como… como si mi niña ya no fuera su hija.
Lucien cerró los ojos un instante, intentando procesar lo que acababa de escuchar. Cuando volvió a abrirlos, estaban cargados de una intensidad que hizo que la mujer retrocediera un poco.
—¿Quién era ese hombre? —preguntó con los dientes apretados.
La mujer tragó saliva y bajó la mirada.

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