C90- SEREMOS FELICES KATE.
Kate miraba por la ventana sin realmente ver nada. El mundo exterior estaba sumido en la oscuridad, pero dentro del coche, en medio del silencio, había algo extraño. A pesar de todo lo que había sucedido, de haber visto la furia de Aaron, de la violencia hacia su padre, Kate no sentía miedo.
Al contrario, por primera vez en mucho tiempo, sentía una calma inesperada, como si finalmente pudiera respirar sin la constante presión de su familia sobre ella. El peso de años de opresión parecía desvanecerse poco a poco.
Por otro lado, Aaron no decía nada.
Su mirada seguía fija en la carretera, pero el movimiento tenso de su mandíbula y sus nudillos apretados contra el volante revelaban su frustración. Una furia visceral se habia apoderado de el al verla lastimada. Y estaba decido a protegerla del mundo entero si era necesario.
Cuando el silencio se hizo insoportable, Aaron habló.
—No vas a volver a esa casa —dijo sin mirarla.
Kate lo observó, sorprendida. No era lo que esperaba escuchar, pero había algo en su tono que no invitaba a la discusión.
—¿Qué?
—Esta noche te mudas conmigo —continuó el, como si fuera lo más obvio del mundo—. No voy a permitir que vuelvas a ese lugar. No después de lo que pasó.
Kate sintió una mezcla de emociones. Parte de ella quería protestar, defender su independencia, pero otra parte, la más vulnerable, estaba tan agotada que la idea de estar lejos de sus padres, en un lugar seguro, con Aaron, le ofrecía un respiro. No tenía energía para más discusiones, ni enfrentar a su familia, ni vivir bajo su control.
—Está bien —respondió, con un suspiro resignado.
Aaron asintió levemente y la miro brevemente antes de preguntarle.
―¿Qué pasó?
Kate desvió la mirada hacia sus manos, que jugueteaban nerviosamente con el dobladillo de su camisa.
—Mi abuelo... dejó un fideicomiso para mí cuando falleció. Pero no es tan simple. Hay una cláusula... —hizo una pausa, tragando saliva antes de continuar—. Para poder acceder al dinero, tengo que casarme y... tener dos hijos dentro del matrimonio.
Aaron arqueó las cejas, claramente sorprendido por lo que acababa de escuchar. Pero no dijo nada, permitiéndole continuar.
—Cuando mi padre perdió todo su dinero, mi madre... empezó a organizarme citas. —Kate bajó la mirada, como si revivir aquello le pesara demasiado—. Todas fallaron. Los hombres que eligió eran unos patanes, interesados solo en el dinero o en lo que podían obtener de mí.
Aaron frunció el ceño, pero no interrumpió.

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