Entrar Via

LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 88

C88- ESPOSO CONTROLADOR.

Kate y Sergio estaban sentados frente a la ventana en un restaurante y ella no dejaba de jugar con el tenedor, apretándolo entre sus dedos, mientras su mente parecía estar en otro lugar. Sergio, su compañero de trabajo y mejor amigo, la observaba en silencio, notando su incomodidad.

—No es solo el matrimonio, Sergio… —Kate suspiró, negando con la cabeza—. Es todo… mi familia, las expectativas, la culpa si no lo hago. Me siento atrapada.

Sergio la miró, frunciendo el ceño y se inclinó hacia ella, sin pensarlo, le tomó la mano con firmeza.

—No tienes que hacer algo que no quieres. Si te sientes atrapada, solo déjalo. No vinimos a este mundo para complacer a nadie. Y tus padres… no pueden dejarte toda la carga de una fortuna que ellos mismos dilapidaron.

Kate sintió el nudo en el pecho, como si le faltara el aire. La presión de todo lo que estaba viviendo la asfixiaba.

—No sé qué hacer, Sergio. Me siento como si no tuviera opciones.

Su amigo sonrió levemente, aunque la preocupación seguía en su mirada. Suspiró y levantó suavemente el mentón de Kate, mirándola directo a los ojos.

—No dejes que ellos ganen. ¿De acuerdo? Tienes que darle pelea.

Ella lo miró con gratitud, pero algo en su expresión también reflejaba tristeza.

—No sé si soy lo suficientemente fuerte para eso…

—Lo eres —le respondió —. Y si alguna vez dudas, aquí estaré.

Kate le sonrió débilmente y por un momento, se sintió un poco más tranquila. Mientras tanto, fuera del restaurante, Vivian, sacó su teléfono y tomó una foto de Kate y Sergio, y la envió a Aaron, pero con un número falso.

Habia salido para recordarle su lugar cuando la escuchó hablar por teléfono, así que decidió seguirla. En realidad solo quería molestarla, le satisfacía verla sufrir.

En la oficina, Aaron estaba rodeado de colegas en la sala de reuniones. Su teléfono vibraba, pero al principio lo ignoró. Después de un rato, la vibración persistió y, finalmente, decidió revisar el mensaje. Al abrirlo, vio la foto de Kate y Sergio y el calor comenzó a subir por su cuello.

La rabia y los celos lo invadieron y en su mente, la imagen de Kate traicionándolo crecía, anulando cualquier explicación lógica.

—Disculpen —dijo, levantándose abruptamente—, tengo que atender algo urgente.

Sin dar más explicaciones, salió de la sala, dejando a todos confundidos.

De regreso en el restaurante, Kate y Sergio seguían hablando, pero la conversación estaba llegando a su fin. Sergio, como siempre, le tomó la mano por un momento, buscando reafirmar su apoyo.

—No estás sola. Recuerda eso.

Kate le sonrió, cuando la puerta se abrió de golpe. Aaron entró con paso firme, los ojos fulgurantes de rabia. No había duda, su presencia era como una tormenta a punto de estallar.

—¿No me invitan a sentar? —se burló.

Kate giró la cabeza atónita y con el corazón acelerado.

¿Qué hacía allí? ¿Cómo supo dónde estaba?

Pero él no le dio tiempo a preguntar, porque antes de que continuara, cada palabra salió más furiosa.

—Y no me vayas a venir con tus excusas, Kate. Sé que no te interesa este matrimonio, pero eso no te da derecho a hacerme quedar como un idiota delante de todos.

Sergio se tensó en su asiento.

Podía sentir el veneno en el aire y la furia del que estaba claro era el marido de su amiga. Intentó levantarse para calmar la situación, pero Aaron lo fulminó con una mirada tan fría o hizo detenerse.

—¡Y tú! —espetó señalándolo con el dedo —. Mantente bien lejos de mi esposa, porque si te vuelvo a ver cerca de ella, lo vas a lamentar, te lo aseguro.

Sergio tragó saliva, pero se quedó callado, sin atreverse a decir una palabra. La tensión entre ellos era tan densa que casi se podía cortar con un cuchillo. Kate, por su parte, parecía haber recuperado algo de su sorpresa y el coraje que sentía no dejaba de crecer.

—¿Cómo supiste que estábamos aquí? —preguntó. No podía entender cómo Aaron había llegado hasta allí ―¿Me estas vigilando? ¡Es el colmo!

Aaron se rio con desdén, sin ninguna pizca de humor. Y la risa salió de su garganta como un gruñido.

—¿Qué? ¿Te molesta que interrumpa tu cita? —preguntó con un tono mordaz.—¿No quieres que te vea con tu amante, verdad?

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami!