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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 85

C85- FINALMENTE JUNTOS.

—Alexander... —murmuró Alaric entre dientes.

La tensión en la sala ya era insoportable, pero con su llegada, todo parecía a punto de explotar. Alexander avanzó con calma, como si nada pudiera alterarlo. Dejó el regalo sobre la mesa con cuidado exagerado y miró a su alrededor, evaluando el desastre: la comida derramada, las copas rotas y el pastel desecho.

—Bueno, vine a la cena de compromiso de tu nieto. Aunque... creo que no hay boda, ¿o me equivoco?

Alessia se tensó, y su voz cortó el incómodo silencio como un látigo.

—¿Y tú quién eres para irrumpir aquí como si te perteneciera todo? —espetó, con un tono ácido que no pudo disimular el temblor en sus palabras.

Alexander chasqueó la lengua, girándose hacia ella con una expresión que la desarmó al instante. Su sonrisa seguía intacta, pero sus ojos parecían perforarla. Ella dio un paso atrás, como si hubiera sentido físicamente el error que acababa de cometer.

—Alexander Blackwell —respondió, el con una elegancia cortante —. Un placer conocerte. Aunque, debo admitir, esperaba que Lucien tuviera un gusto... menos corriente.

El rostro de Alessia pasó del rojo a un blanco mortecino. Abrió los ojos, atónita, y antes de que pudiera replicar, su padre apareció a su lado.

—Ven, Alessia. —siseó—. No sigas avergonzándonos.

—Pero... papá... —intentó protestar, pero fue silenciada.

—¡Cállate! —gruñó el hombre, agarrándola del brazo y llevándosela fuera del salón sin miramientos.

El silencio que quedó fue aún más pesado. Lucien avanzó un paso, plantándose frente a Alexander con una mirada cargada de desconfianza.

—No recuerdo haberte invitado, Blackwell. ¿Qué haces aquí?

Alexander lo miró con una calma inquebrantable y cuando habló, su voz tenía un filo sutil que cortaba más que cualquier grito.

—Oh, no te preocupes, Lucien. No estoy aquí para causar problemas. Solo vine a felicitarte por tu compromiso. —Hizo una pausa y sus ojos se desviaron brevemente hacia Grace antes de volver a Lucien—. Aunque debo decir que no esperaba tal espectáculo. Digno de los Stanton, por supuesto.

La tensión en el rostro de Lucien se intensificó y antes de que pudiera responder, Alaric intervino.

—Por supuesto que nos alegra verte aqui, Alexander —dijo, con cortesía forzada—. Siempre es un placer recibir a un Blackwell.

Alexander sonrió de nuevo, pero esta vez su expresión era gélida, carente de cualquier amabilidad real. Sus ojos se encontraron con los de Alaric, y su tono cambió, haciéndose más frío y directo.

—Gracias. Pero no estoy aquí solo para dar buenos deseos. Estoy aquí para poner las cosas en orden.

Alexander volvió a mirar a Grace, y esta vez su expresión era más suave, casi protectora. Había algo en esa mirada que la desconcertó. Y mientras su corazón latía con fuerza, no pudo evitar preguntarse qué significaban esas palabras y por qué sentía que ese hombre sabía más de lo que dejaba ver.

[*]

Después del tenso enfrentamiento, los invitados fueron despedidos uno por uno. Alaric, aún furioso, ordenó que revisaran los teléfonos de todos antes de permitirles salir de la mansión. Las amenazas fueron claras: cualquier palabra sobre lo ocurrido tendría consecuencias graves. Nadie se atrevió a desafiarlo, pero las miradas furtivas y los murmullos dejaron claro que el escándalo sería difícil de olvidar.

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