C84- ¿QUIÉN ES ELLA?
El salón quedó completamente en silencio. Los invitados estaban boquiabiertos, y Alessia no era la excepción. Sus ojos brillaban de rabia y confusión mientras se quitaba los restos de pastel del rostro con movimientos rápidos.
—¿Qué clase de broma es esta? —bufó con sarcasmo —. ¡Tú eres solo la niñera!
Grace miró a los trillizos y sus manos temblaron al igual que su corazón.
—No —dijo, con voz firme pero quebrada—. Soy su madre biológica. Yo soy su madre de verdad.
Los niños se miraron entre ellos, intentando procesar lo que acababan de escuchar. Y Emma fue la primera en reaccionar.
—¿Nuestra mamá..? —murmuró.
—¿Eso es verdad? —preguntó Olivia, su pequeño rostro lleno de confusión.
James, el más serio de los tres, la miró fijamente.
—¿Tú eres nuestra verdadera mamá?
Antes de que Grace pudiera responder, el bastón de Alaric golpeó el suelo con fuerza. Todos giraron la cabeza hacia el anciano, quien se había levantado de golpe.
—¡Esto es absurdo! —tronó, apuntando a Grace con un dedo tembloroso—. ¡No le crean ni una palabra a esta mujer! ¡Ella no es la madre de mis nietos!
Pero Grace lo enfrentó.
—Sé que me odias, Alaric. —Su voz era clara, firme, aunque su pecho subía y bajaba rápidamente—. Crees que los abandoné, que los vendí. Pero nunca lo hice. ¡Jamás me deshice de mis hijos! ¡Nunca!
Alaric se acercó a ella con pasos pesados y los invitados lo observaban, incapaces de apartar la vista.
—¡Basta de mentiras, Grace Bradford! —espetó, su rostro deformado por la furia—. ¡Eres una muerta de hambre, una oportunista! Viniste aquí, pretendiendo ser alguien y solo porque no permití que atraparas a mis nietos ¡¿Crees que puedes engañar a mis niños y a todos nosotros?!
Grace se mantuvo firme, aunque la proximidad del anciano era intimidante.
—No me importa lo que pienses de mí —dijo, alzando un poco la voz, sin titubear—. Me da igual si me llamas mentirosa, si me insultas, si intentas humillarme. Pero no voy a dejar a mis hijos. No voy a permitir que nadie me los quite. ¡Ellos son míos, y soy su madre lo creas o no!
Alaric, rojo de ira, negó con la cabeza.
—¡Tú no eres la madre de mis bisnietos! —gritó, su voz rasgando el aire como un látigo ―¡No lo acepto!
De repente, Lucien dio un paso al frente. Su rostro era una máscara de seriedad, y su voz cortó la tensión como un cuchillo.
—Es cierto —confesó, con los ojos clavados en Grace—. Ella es su madre.
El silencio volvió a llenar la sala, pero esta vez estaba cargado de asombro. Alessia se giró hacia Lucien, incrédula.
—¿Qué estás diciendo?
Lucien la ignoró y su mirada se mantuvo firme en los ojos de Alaric.
—Grace y yo tuvimos una relación cuando viví en Chicago. Ella es la madre de los niños, y lo supe desde el principio.
Un murmullo recorrió el salón. Grace no apartó la vista de Lucien, pero sus ojos brillaban con lágrimas. Y antes de que pudiera decir algo, sintió cómo unos pequeños brazos rodeaban su cintura.
—¡Mamá! —Emma lloró, aferrándose a ella.
Olivia y James se unieron al abrazo, sus tiernas caritas llenas de lágrimas mientras repetían la misma palabra una y otra vez:

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