C77- PELIGRO Y PASIÓN.
Kate se despertó con el sonido de su teléfono y, por un momento, no supo dónde estaba. Luego lo recordó: la habitación de la suite, el sarcasmo de Aaron, y, para su horror, la cama compartida.
Había intentado resistirse, pero después de horas de discutir sobre quién dormiría dónde, el cansancio les ganó. Ahora estaba ahí, con la cabeza apoyada en el pecho de Aaron, quien dormía profundamente. Y su brazo descansaba sobre su cintura, como si fuera lo más natural del mundo.
Kate se congeló al darse cuenta de la posición en la que estaba. Si él despertaba y la veía así, jamás se lo perdonaría. Con cuidado, levantó su cabeza y retiró su brazo. Se deslizó fuera de la cama tan rápido como pudo, asegurándose de no hacer ruido.
—Esto no está pasando —murmuró mientras buscaba ropa en su maleta.
Según el itinerario de esa ridícula luna de miel, ese día tenían planeado un paseo en yate. Afortunadamente, a Kate le gustaban los yates. Quizás el día no sería tan malo… si lograba mantener la distancia con Aaron por supuesto.
Cuando subieron al yate, habia un cielo despejado y una brisa marina que prometía tranquilidad. Kate estaba en la cubierta recostada en una tumbona con un bikini diminuto que había elegido estratégicamente. Sabía que Aaron la estaba mirando, y aunque no quería admitirlo, había algo extrañamente satisfactorio en eso.
Desde donde estaba, podía sentir su mirada fija, y no era difícil imaginar su expresión: ceño fruncido, mandíbula apretada, y esa mezcla de irritación y algo más que no quería analizar demasiado.
Sin embargo, no podía dejar de pensar en el mensaje que había borrado. El nombre de la mujer seguía rondando en su cabeza: Grace.
La misma mujer de la foto.
La dichosa novia.
—Hombre perro —murmuró, apretando los labios mientras ajustaba sus lentes oscuros. Sin poder evitarlo, le lanzó una mirada cargada de dagas desde su lugar.
Aaron, quien estaba en el timón la miró de vuelta con una expresión que gritaba irritación.
—¿Sabes? Podrías relajarte un poco —dijo Kate, bajándose los lentes y mirándolo —. El yate no se va a hundir. ¿O es que ni siquiera sabes nadar?
Aaron dejó escapar una risa seca, pero su mirada no perdió ese toque molesto.
—Y tú podrías no haberte puesto esa cosa que llamas bikini.
Ella arqueó una ceja, divertida.
—¿Por qué? ¿Te molesta?
—A mí no. Pero todos los empleados del hotel y los otros hombres que te vieron hasta llegar aquí. Se dieron un festín visual, te lo aseguro.
Kate soltó una carcajada burlona.
—Déjalos, Aaron. Al fin de cuentas, debo hacer dieta, ¿no? Mi figura no es nada de lo que esté en tus estándares.
El frunció el ceño y murmuró algo por lo bajo que Kate no alcanzó a escuchar. Luego volvió la vista al horizonte, claramente frustrado.
Sin embargo, la paz no duró mucho.
Las nubes comenzaron a cubrir el cielo, y el viento se hizo más fuerte. Las olas golpeaban contra el yate con una intensidad que no habían sentido antes.
—Esto no pinta bien —murmuró Aaron, frunciendo el ceño.
Kate, al notar el cambio en su tono, se incorporó, dejando de lado su actitud despreocupada.
—¿Qué ocurre?
—Tenemos que buscar refugio. El mar se va a poner bravo, y las olas serán demasiado grandes. Allí hay una isla cercana.
Sin pensarlo dos veces comenzó a maniobrar hacia la dirección indicada. Kate trató de mantener la calma, pero sus manos temblaban ligeramente mientras se agarraba del borde del yate.
—Esto no puede estar pasando —murmuró para sí misma, respirando hondo para calmarse.
El yate apenas logró llegar a la orilla antes de que la tormenta se desatara. La lluvia caía con fuerza, empapándolos en cuestión de segundos. Aaron tomó a Kate de la mano y la ayudó a bajar, pero ella apenas podía concentrarse.
—¡Perfecto! —gritó, tratando de cubrirse con los brazos mientras corrían hacia la playa—. Esto es exactamente lo que necesitábamos. ¿Por qué siempre que estoy contigo algo sale mal?

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