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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 75

C75- EL PAQUETE DEL AMOR.

Los trillizos retrocedieron instintivamente, escondiéndose detrás de su padre, mientras Alessia los miraba con desdén antes de fijar su atención completamente en Lucien.

—¿Con quién piensan que se casará su papi?

Lucien respiró hondo, tratando de mantener la calma frente a los niños.

—Emma, Olivia, James, ¿por qué no van a jugar un rato? Necesito hablar con Alessia a solas.

—Pero, papi… —protestó Emma.

—Ahora, pequeños —ordenó Lucien, con un tono más firme pero suave.

Los niños asintieron, aunque a regañadientes, y se alejaron, lanzándole miradas de apoyo a su padre antes de salir. Cuando estuvieron solos, Lucien fue al grano y su tono destilaba frialdad y desprecio.

—¿Qué demonios crees que estás haciendo? ¡¿Qué necesidad tenías de involucrar a Grace en esto?!

Alessia soltó una risa sarcástica, dando un par de pasos hacia él.

—Ay, cariño, no te pongas así. Solo estaba mostrándole su lugar a la sirvienta. Dejándole claro en cuál cama dormirás en unos días.

—Eres despreciable, Alessia. Me drogaste, y lo sabes. Si estuvimos juntos fue porque me quitaste la capacidad de decidir. De lo contrario ―le dio una mirada de asco ―Nunca te hubiera puesto un dedo encima.

Ella arqueó una ceja, como si estuviera disfrutando de la confrontación.

—¿Y qué si lo hice? —dijo, con una sonrisa —. Pobrecito, cariño, no tienes manera de probarlo. Pero, además… —Se llevó una mano al vientre, acariciándolo con teatralidad—. ¿Quién quita y nuestra noche… rinda frutos?

Lucien apretó los labios, conteniendo la furia que amenazaba con desbordarse. Sus manos temblaron ligeramente antes de cerrarse en puños a los costados. Quería echarle en cara lo que sabia, pero se obligó a callar. Por su parte, Alessia notó su reacción y sonrió con suficiencia, como si hubiera ganado una partida que solo ella estaba jugando.

—Ah, casi lo olvido —dijo sacando algo de su bolso. Era el reloj de Lucien. Lo sostuvo frente a él y dio un paso más —. Vine a traerte esto. Lo dejaste en mi habitación.

Lucien retrocedió como si su proximidad le repugnara. Alessia soltó una risa suave para luego guiñarle un ojo.

—Nos vemos en la cena de compromiso, cariño —dijo con un tono meloso y venenoso a la vez, antes de girarse y salir de la cocina.

Lucien se quedó con el reloj en su mano, apretándolo con fuerza mientras su mandíbula se tensaba.

—Cena de compromiso… —bufó con frialdad —. Yo más bien la llamaría… cena de despedida.

Su mente ya planeaba la forma en que todo esto terminaría.

Sin boda.

Sin Alessia.

Y, si todo salía como debía, con Grace a su lado.

[*]

A miles de kilómetros, Aaron y Kate acababan de aterrizar en Hawái, donde pasarían su luna de miel. El viaje había sido un regalo de Alaric, pero Aaron no lo veía como un gesto de generosidad. Para él, era una forma de mantenerlo lejos, de distraerlo mientras las cosas se acomodaban en casa. Aun así, no podía evitar preocuparse por Grace y lo que haría ahora.

Por otro lado, la situación con Kate no era precisamente ideal. Ella era como un puercoespín: cada vez que él intentaba acercarse, ella sacaba sus púas. Y vaya que quería acercarse. No podía sacarse de la cabeza la imagen de ella con ligueros y ropa interior de novia. Si no hubiera sido por el idiota del hotel que interrumpió, quizás habría tenido su noche de bodas. En cambio, había terminado durmiendo en la alfombra.

La voz del piloto resonó en el avión:

"Damas y caballeros, bienvenidos a Hawái."

Aaron salió de sus pensamientos y se giró hacia Kate. Ella estaba dormida, con la cabeza ligeramente apoyada en el respaldo del asiento. Su rostro, relajado, parecía seductor y angelical al mismo tiempo. Sus labios estaban entreabiertos, y unos mechones de cabello caían desordenados sobre su frente. Sonrió sin darse cuenta. Había algo hipnótico en verla así, tan tranquila, como si no fuera capaz de lanzar dagas con la mirada o soltar comentarios que siempre lo dejaban sin respuesta.

Impulsado por algo que no entendía, se inclinó hacia ella.

Quería verla más de cerca, contar las pestañas oscuras que enmarcaban sus ojos cerrados, tal vez incluso rozar su mejilla con los labios. Pero justo cuando estaba lo suficientemente cerca como para notar el leve movimiento de su respiración, Kate abrió los ojos de golpe.

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