C73- IDÉNTICA A ELLA.
Lucien sintió cómo un escalofrío le recorría la espalda. Sabía que Alessia estaba jugando sucio y que seguramente habia planeado todo para atraparlo. Pero no iba a dejar que tuviera éxito.
—No creas que soy un imbécil, Alessia —dijo con frialdad mientras tomaba su chaqueta y se dirigía hacia la puerta—. Esto no cambia nada entre nosotros.
Ella lo observó mientras se marchaba, con una chispa de triunfo brillando en sus ojos. Sabía que había sembrado la semilla y ahora solo tenía que esperar a que germinara.
Lucien salió de la mansión con el corazón latiendo con fuerza, su mente llena de rabia y confusión. Mientras subía a su auto, una sola idea se repetía en su cabeza: Sacar a Alessia de su vida tenia que suceder cuanto antes.
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Mientras tanto en la mansión, Grace ayudaba a los trillizos con sus ejercicios de matemáticas, pero su mente divagaba una y otra vez hacia al beso con Lucien. Recordaba la calidez de sus brazos cuando la sostuvo, la forma en que sus ojos brillaban al ver a los niños. Y por un momento, su corazón se encogió pensando en lo que pudo haber sido - una familia unida, sin las sombras del pasado.
El sonido de su teléfono la arrancó bruscamente de sus pensamientos. Y un número desconocido había enviado un archivo. Al abrirlo, sintió que el aire abandonaba sus pulmones. Eran fotografías de Lucien dormido, aparentemente desnudo entre sábanas revueltas. Sus manos temblaban mientras pasaba cada imagen, el dolor creciendo en su pecho como una herida abierta.
La última foto fue como un puñal directo al corazón: Alessia, estaba recostada junto a él, mientras tomaba un selfie con el rostro dormido de Lucien.
“¿De verdad creíste que eras especial? No seas ingenua, querida, los hombres como Lucien no cambian mujeres como yo, por mujercitas insignificantes como tú. "
Grace sintió que su mundo se derrumbaba, mientras luchaba por mantener la compostura frente a los pequeños que seguían concentrados en sus ejercicios, ajenos al dolor que desgarraba el corazón de su madre.
Pero su mente seguía reproduciendo las imágenes una y otra vez, la como si fueran un cruel recordatorio de su ingenuidad. Decidió que necesitaba aire, aunque fuera por un momento, y les pidió a los niños que continuaran mientras ella salía al jardín.
Justo cuando abría la puerta principal para salir, se encontró cara a cara con Lucien.
Su corazón latia en su garganta, mientras sus ojos lo recorrían aunque no quisiera y lo vio, su camisa arrugada, los botones mal abrochados, y su cabello despeinado. Pero lo que más la hirió fue el leve aroma a perfume femenino.
Era inconfundible.
El mismo perfume de Alessia.

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