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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 72

C72- ¿MARIDO Y MUJER?

Al día siguiente, como había prometido, Lucien se presentó en la casa de Alessia. La razón era simple: el padre de Alessia tenía ciertos negocios con su familia que eran de interés estratégico para él. Aunque no era algo que le entusiasmara, sabía que era necesario mantener las apariencias... por ahora.

Cuando Lucien cruzó la puerta principal, todo estaba perfectamente preparado. Alessia, que había estado esperando ansiosa su llegada, apareció en cuanto lo vio entrar. Su vestido era elegante, diseñado para resaltar su figura, se acercó a Lucien como una novia emocionada que no podía ocultar su entusiasmo.

—¡Mi amor! —exclamó, lanzándose hacia él y envolviendo su brazo alrededor del suyo antes de que pudiera reaccionar—. Me alegra tanto que hayas venido. Estaba preocupada de que algo te hubiera retenido.

El apenas le dedicó una mirada, su expresión era fría y distante como siempre. Con sutileza se soltó del agarre de Alessia, fingiendo que necesitaba ajustar el reloj en su muñeca.

—No me gusta romper mis promesas. —respondió con voz neutral, sin molestarse en ocultar su falta de interés.

Alessia apretó los labios, frustrada por su indiferencia. Pero por dentro, un pensamiento oscuro cruzó su mente:

«No importa cuánto te resistas, Lucien. Después de esta noche, nada evitará que seas mío.»

Decidida a no dejar que su actitud la desanimara, Alessia volvió a tomar su brazo con una sonrisa encantadora y lo condujo hacia la mesa del comedor.

—Vamos, papá nos está esperando.

En la mesa, el padre de Alessia estaba sentado en la cabecera, esperando a que todos tomaran asiento. A su lado estaba Lucrecia, quien, como siempre, lucía impecable y tranquila, observando todo con una mirada astuta y calculadora.

La conversación pronto derivó hacia temas de negocios. El padre de comenzó a hablar con entusiasmo sobre los beneficios que ambas familias obtendrían con la unión de Lucien y Alessia.

—No puedo evitar pensar en todo lo que este matrimonio significa para nuestras familias. La estabilidad, las oportunidades... —hizo una pausa para tomar un sorbo de vino y luego añadió con una sonrisa orgullosa—. Cuando ustedes dos se casen, será el inicio de una nueva era.

Lucien, que había estado escuchando en silencio, levantó la vista y respondió con frialdad:

—Unir familias siempre es una estrategia interesante...sobre todo cuando hay algo que ganar.

El comentario, aunque cortés en apariencia, estaba cargado de una indiferencia que hizo que el padre de Alessia frunciera ligeramente el ceño. Sin embargo, decidió no insistir, mientras Alessia y Lucrecia intercambiaban una mirada conspirativa desde sus asientos. Ambas sabían que pronto pondrían en marcha su plan.

La cena transcurrió sin contratiempos, y cuando llegó el momento de retirarse de la mesa, el padre de Alessia invitó a Lucien a acompañarlo al estudio para beber un trago.

—Vamos, Lucien, tengo algo especial para esta ocasión. Un whisky que guardo solo para momentos importantes.

Lucien negó quería ir con Grace y los trillizos, después del paseo en el parque y el beso, su resolución a tenerlos cerca se hizo más firme, ahora estaba convencido, quería estar con ella y ser lo que debieron ser desde el principio: una familia.

Aunque Grace, después de regresar a casa, lo había seguido tratando con frialdad, Lucien había notado algo en sus ojos, algo que ella no podía esconder por completo. Lo había sentido cuando la besó, cuando la tuvo en sus brazos, y eso le dio la certeza de que, a pesar de todo, ella aún tenía sentimientos por él. No podía ignorar cómo su cuerpo había respondido al suyo, cómo su respiración se había entrecortado, aunque intentara negarlo. Ese pequeño destello fue suficiente para fortalecer su determinación: no iba a rendirse.

—Gracias, pero prefiero no beber esta noche. Mañana tengo asuntos que atender en la empresa.

Pero antes de que irse, Alessia intervino, haciendo un puchero exagerado mientras se aferraba a su brazo.

—Oh, vamos, amor. ¿Vas a rechazar a mi padre? A Alaric no le gustará saber que desprecias nuestra hospitalidad...

La mención de su abuelo hizo que los ojos de Lucien se endurecieran. Su desagrado por Alessia era evidente, pero sabía que no era el momento para confrontaciones con su abuelo. Todavía no.

«Es demasiado pronto» se dijo y con una mueca imperceptible accedió.

—Está bien. Solo uno.

Alessia sonrió triunfante, mientras Lucrecia le lanzaba una mirada cómplice desde el otro lado de la mesa. Ambas lo siguieron al estudio, donde el padre de Alessia ya estaba tomando asiento en su sillón.

—Lucrecia, querida, ¿por qué no preparas las bebidas? —sugirió el hombre con una sonrisa.

Lucrecia asintió, levantándose con elegancia y acercándose al carrito de bebidas. Mientras servía el whisky en los vasos, sacó discretamente un pequeño frasco de su pecho. Era una droga no rastreable, diseñada para provocar efectos similares a la intoxicación alcohólica, pero con pérdida de memoria parcial y desorientación. Sin dudarlo, vertió unas gotas en el vaso de Lucien, mezclándolas con el líquido ámbar hasta que fue imposible distinguirlas.

Con una sonrisa impecable, llevó los vasos, entregándole uno a Lucien.

—Aquí tienes, querido —dijo con un tono animoso, tomando asiento junto a su marido.

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