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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 68

CAPITULO 68- LA CASA DEL TERROR.

El parque de diversiones estaba lleno de luces, risas y gritos emocionados que se mezclaban con el bullicio de las atracciones. Los trillizos estaban decididos a subirse a todo. Y cuando decían "todo", lo decían en serio.

—¡Quiero el barco pirata! —gritó James.

—¡Y luego la montaña rusa! —añadió Olivia.

—¡No, primero la rueda de la fortuna! —insistió Emma, tirando de la mano de Grace como si fuera un remolque.

Grace se esforzaba por mantener el paso, mientras Lucien caminaba con calma detrás de ellos. Ella no sabía cómo lo hacía, pero parecía que nada lo inmutaba. Los trillizos insistieron en que Grace subiera con ellos a todas las atracciones. Y aunque Lucien intentaba mantenerse al margen, hubo momentos en que no pudo resistirse a los insistentes "¡Papá, tú también!" de los niños.

En una de las atracciones, Grace no pudo evitar observar cómo Lucien, vestido con una camisa blanca ligeramente desabrochada y vaqueros ayudaba a Olivia a abrocharse el cinturón de seguridad. Lucía diferente lejos de sus trajes de tres piezas; más relajado, más humano… y m*****a sea, más atractivo.

Intentó apartar la vista, pero el gesto de el acariciando el cabello de Olivia y diciendo algo que hizo que la niña soltara una carcajada le apretó el corazón. No quería emocionarse, pero algo en ese instante la hizo sonreír, aunque lo disimuló de inmediato.

Un rato después, Lucien estaba con los trillizos comprándoles algodones de azúcar. Y desde donde estaba Grace, podía verlo. Esa camisa blanca se ceñía perfectamente a sus hombros, y el reloj en su muñeca brillaba con un discreto lujo. Era una combinación de elegancia e informalidad que lo hacía lucir peligroso… para su cordura.

—¡Grace! —gritaron los trillizos al regresar corriendo con sus algodones de azúcar, casi chocando contra ella—. ¡Queremos ir a la casa del terror!

Grace parpadeó, claramente desconcertada.

—¿La… la casa del terror?

—¡Sí! —exclamó James, saltando en su lugar—. ¡Va a ser súper divertido!

Grace tragó saliva.

A ella no le gustaban ni las películas de terror, mucho menos algo que incluyera ruidos inesperados, luces parpadeantes y cosas saltando de la nada.

—¿Y qué tal si vamos al carrusel? Eh… Es lindo, divertido… Y seguro.

Los tres niños la miraron como si acabara de proponerles ir a una clase de matemáticas. James cruzó los brazos con una expresión seria.

—El carrusel es para bebés, Grace. Yo soy un niño grande.

—¡Sí, Grace! —secundó Emma, con ojos brillantes—. ¡Vamos, será genial!

Olivia, que aún tenía restos de algodón de azúcar en la boca, habló con total descaro.

—¿Te da miedo?

Grace abrió y cerró la boca varias veces, intentando encontrar una excusa que no la dejara en evidencia.

—N-no, para nada. Sólo que… pensé que…

—Son sólo personas disfrazadas, Grace. No son reales, —dijo Emma, con la lógica aplastante de una niña de siete años.

Mientras tanto, Lucien los observaba con una sonrisa torcida, claramente disfrutando del pequeño debate. Podía ver el miedo en los ojos de Grace, aunque ella intentaba desesperadamente ocultarlo. Finalmente, se inclinó un poco hacia ella, lo suficiente como para que su voz sonara baja y sugerente.

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