CAPITULO 67- MALAS PALABRAS.
Lucien cruzaba la enorme puerta de la mansión cuando el sonido insistente del teléfono lo detuvo. Frunció ligeramente el ceño, sacó el dispositivo del bolsillo y, al ver el número desconocido, contestó con calma.
—¿Sí? —su voz era firme, pero serena.
Del otro lado, una mujer sostenía una prueba de embarazo entre sus manos, su respiración apenas perceptible.
—Tengo lo que necesita. La evidencia está en mis manos.
Los ojos de Lucien brillaron con satisfacción mientras una sonrisa ladeada se formaba en sus labios. «Siempre hay insensatos que olvidan lo inevitable: a mi no pueden engañarme.»
—Perfecto. Todo está saliendo como lo planeé. El dinero estará en tu cuenta en unos minutos.
Colgó sin más y guardó el teléfono en su bolsillo. Al abrir la puerta, una expresión triunfal aún adornaba su rostro, pero fue barrida rápidamente por la estampida de tres pequeños que corrían hacia él.
—¡Papá, papá! —gritó Emma, saltando para abrazarlo con fuerza.
—¡Mira lo que hicimos en la clase de pintura hoy! —añadió Olivia, mostrando un dibujo arrugado.
—¡Tenemos noticias importantes! —dijo James, tratando de escalar su pierna como si fuera un árbol.
Lucien dejó escapar una risa ligera, rodeándolos a los tres con sus brazos.
—¿Qué sería de mi vida sin ustedes, pequeños terremotos? —dijo con una calidez que reservaba solo para ellos.
Al levantar la mirada, vio a Grace entrar al salón con una bandeja de jugos frescos. Ella les sonrió a los niños con dulzura, colocó la bandeja en la mesa y lo ignoró.
—Niños, aquí tienen lo que pidieron. Y, ya que están con su padre… yo iré a mi habitación.
Sin esperar respuesta, se dio la vuelta y salió del salón.
Emma, siempre la más observadora, frunció el ceño.
—Está triste por la boda del tío Aaron —dijo mirando a su padre con ojos grandes.
Olivia asintió con gravedad.
—Sí, después de que vino a verla, se puso peor.
James, con los labios apretados, declaró:
—Es igual que el abuelo. Seguro le dijo cosas feas.
Lucien frunció el ceño al escuchar eso.
—¿Casarse?
—Sí, papi —dijo Emma—. Lo escuchamos cuando habló con Grace. Aunque fuimos por los helados, nos escondimos en los arbustos.
James le dio una palmada a su hermana.
—Emma, no digas nuestro secreto. Es nuestro escondite especial.
—Sí, Emma. No sirves para guardar secretos.
Lucien no prestaba atención a la pequeña pelea de sus hijos; su mente estaba en otra cosa.
—¿Aaron casado? ¿Con quién?
Los últimos días había estado tan absorto en los negocios que parecía haberse perdido de todo lo demás. Sin embargo, una chispa de emoción lo recorrió: si Aaron se casaba, el camino quedaba libre. Y lo más probable era que Alaric hubiera movido sus fichas. Era un hecho que no iba a aprobar esa relación, y él tampoco, obviamente. Pero lo que más le preocupaba era qué palabras habría lanzado su abuelo hacia Grace y la había lastimado. Solo pensarlo lo enfurecia.
Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando Emma tiró de su mano.
—¡Papito! El abuelo Alaric nos dio tickets para el parque de diversiones.
Olivia brincó de emoción.
—¡Sí! ¡Va a ser tan divertido!
Lucien parpadeó, confundido.
—¿El abuelo les dio boletos para un parque?
—Sí, ¿no es genial?
De inmediato sintió que algo no cuadraba.
—Chicos…
—¿Puedes venir con nosotros? —pidió Emma, parpadeando deliberadamente.
—Niños, no creo que… —empezó a decir.
Pero James lo interrumpió con una sonrisa traviesa.
—Grace va con nosotros.
Lucien alzó una ceja, claramente intrigado.
—¿Grace… irá?
Los trillizos asintieron con entusiasmo, con sonrisas idénticas.
—Entonces, papito… ¿vendrás con nosotros? —preguntó Olivia con los ojos brillando de emoción.
Lucien miró a sus hijos y no pudo evitar sonreír. La idea de pasar el día con ellos y Grace se sentía sorprendentemente tentadora, casi como una salida en familia. Finalmente, suspiró y dijo:

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