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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 64

CAPITULO 64- ¿SORPRENDIDO?

En un lujoso hotel de Londres.

Kate estaba en una habitación, ajustándose el vestido frente a un espejo que devolvía su propia insatisfacción. Tiró del encaje con impaciencia, mientras una ola de pensamientos oscuros invadía su mente.

Odiaba el vestido, este día, y sobre todo, odiaba tener que cumplir los caprichos de su madre. Pero más que nada, odiaba a Aaron por haberla engañado.

Aun así, en sus ojos brillaba algo distinto: una determinación implacable. No iba a permitir que nadie la humillara.

Y ese día todos iban a descubrirlo.

La puerta se abrió de golpe, y su madre entró y la miró de arriba abajo, como si evaluara un objeto que estaba a punto de vender.

—¿Qué es esa cara, Kate? —dijo con tono mordaz—. Te estás casando con un hombre rico y, además, apuesto. Deberías estar agradecida.

Ella apretó los labios, conteniendo la rabia que se agitaba en su interior. Su voz salió firme, aunque cada palabra le costó un mundo.

—Sí, madre. Lo que digas.

La mujer se apartó un poco, mirándola fijamente con una expresión implacable. Sus ojos parecían dos espadas atravesándola.

—No te atrevas a avergonzarnos. ―le advirtió ―Éste es un momento importante, Kate. Piensa en lo feliz que estará tu abuelo en el cielo… o donde sea que este, ¡piensa en cómo saldremos de deudas! —Sonrió, pero no había calidez en su gesto—. Tienes un deber con esta familia.

Kate sintió un nudo en el estómago, pero no dijo nada. Su madre caminó hacia la puerta, giró la cabeza ligeramente y le hizo un ademán.

—Ahora vamos. Tu novio debe estar esperando.

Sin pronunciar palabra, Kate la siguió. Pero por dentro, se sentía vacía, como si cada parte de su ser se estuviera desmoronando.

Mientras tanto, en otra habitación, Aaron terminaba su vaso de whisky. Sus ojos avellana estaban fijos en el espejo frente a él. El reflejo le devolvía una versión de sí mismo que ya no reconocía. Al instante mente voló hacia Grace y los trillizos.

La preocupación lo consumía. Tenia miedo de lo que ella pudiera hacer o peor aun de lo que el abuelo pudiera intentar hacer de nuevo. La culpa lo azotó sin piedad, si su abuelo no hubiera hecho lo que hizo, no estarían en esa m*****a situación.

Dejo el vaso con fuerza y maldijo, su pecho subía y bajaba.

—Esto es solo un trámite. Un contrato que tengo que cumplir para mantener a mi familia tranquila —se repitió —. Pero cuando todo esto termine, terminare con este maldito matrimonio cada uno seguirá su camino.

Se irguió y ajustó el cuello de su camisa y su mente traidora lo llevó a la noche que pasó con Kate. La única mujer que había logrado hacerlo sentir algo diferente, algo real. Pero enseguida sacudió la cabeza con frustración.

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