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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 63

CAPITULO 63- TENGO UN PLAN.

Lucien estaba en su oficina, leía unos documentos cuando el sonido de su teléfono lo sacó de su concentración.

—Lucien Stanton.

La voz del investigador al otro lado de la línea fue directa:

—Señor, tengo una pista sobre el paradero del ama de llaves de la señorita Grace.

Lucien se levantó de golpe y la silla chirrió al deslizarse hacia atrás. Su pecho se expandió mientras la adrenalina comenzaba a recorrerle las venas.

—¿Qué sabes? —preguntó con urgencia.

—Está en un pequeño pueblo al norte de Chicago. Necesitaré dos días para encontrarla y reunirme con ella. En cuanto tenga algo concreto, le informaré.

Lucien apretó los dientes y sus nudillos se tensaron alrededor del teléfono. Había pasado días con aquella información clavada en su mente, incapaz de deshacerse de ella.

Aunque estaba decidido a recuperar a Grace, todavía necesitaba saber que había pasado en ese entonces, no podía creer ahora que alguien como ella fuera capaz de renunciar a sus hijos de esa manera, no cuando el habia visto su amor por los trillizos.

—Hazlo lo antes posible. Y mantenme informado. No tolerare demoras.

Justo entonces, la puerta de la oficina se abrió y Alaric entró, seguido por su habitual séquito de guardaespaldas. Sin perder la compostura, Lucien terminó la llamada y miró a su abuelo.

—¿A qué debo el “honor” de tu visita? —dijo, su tono goteando frialdad y sarcasmo.

El viejo alzó una ceja, luego hizo un ademán con la mano. Y los guardaespaldas salieron de inmediato, cerrando la puerta tras ellos. Solo cuando estuvieron solos, Alaric fue al grano.

—¿Por qué echaste a Alessia de tu habitación?

Lucien se quedó helado por un instante. La sorpresa y el enojo se mezclaron en su expresión. Pero luego, una sonrisa cínica curvó sus labios.

—¿Ahora también vas a controlar mi polla, abuelo? ¡Increíble! Pensé que habías tocado techo con tus intrusiones, pero veo que me subestimé. —¿Qué fue lo que te dijo esta vez? ¿Que fui cruel? ¿Que la humillé? Quizás deberías enseñarle que no puede meterse en mi cama como si fuera su derecho, y luego correr a llorar como una niña malcriada porque no obtuvo lo que quería.

El viejo gruñó, sus ojos se entrecerraron de enojo.

—Ella se convertirá en tu mujer pronto. No hay razón para que no compartan cama. Y más te vale que lo hagas, porque necesitarás un heredero.

Lucien parpadeó como si intentara descifrar las palabras que acababa de escuchar.

—¿Qué carajos estás diciendo?

Alaric mantuvo la frialdad en su tono.

—Que aun con los trillizos y con James siendo varón, no es un hijo legítimo. No puede heredar. Eso lo sabes bien.

La furia de Lucien explotó de golpe. Su mano golpeó el escritorio con fuerza, haciendo temblar algunos portarretratos.

—¡No vuelvas a referirte a mis hijos de esa manera! Son más dignos de este legado que cualquiera de tus malditas órdenes y manipulaciones.

Pero Alaric no se inmutó. Su mirada seguía siendo glacial.

—Los quiero, Lucien, pero no podemos ignorar su origen. Su madre no era digna de este nombre, y ellos llevan esa mancha.

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