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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 62

CAPITULO 62- NO LA PONGAS TRISTE.

Aaron llegó a la mansión con el rostro tenso. Había pasado la noche en una habitación de hotel, incapaz de lidiar con la histeria de su madre tras aquella llamada.

La presión que sentía era asfixiante.

Por un lado, estaba el favor que había aceptado hacerle a Grace, fingir ser su novio, algo que en un principio parecía sencillo. Pero ahora, con la amenaza de Alaric pendiendo sobre su familia todo se había complicado. Estaba atrapado en un dilema que le carcomía la mente.

Y por eso estaba allí, necesitaba hablar con ella, aclarar las cosas.

Caminó hacia el jardín, siguiendo el sonido de risas infantiles, Grace estaba sentada en el césped, riendo junto a los trillizos mientras jugaban con unas pelotas de colores. La escena, tan sencilla y cálida, lo golpeó como un puñetazo en el estómago.

¿Cómo podía hablarle de algo tan duro cuando ella parecía tan feliz?

La impotencia lo invadió, como si fuera un intruso en un momento que no le pertenecía.

De repente, Olivia lo vio. Sus ojitos se iluminaron y gritó con entusiasmo:

—¡Tío Aaron!

Él sonrió de manera automática, aunque por dentro seguía sintiendo el peso de lo que iba a decir. Y comenzó a caminar hacia ellos, intentando fingir naturalidad.

Cuando llegó, Grace lo recibió con una sonrisa cálida, pero su mirada cambió rápidamente al notar la tensión en su rostro. Y antes de que pudiera decir algo, Aaron desvió la vista hacia los trillizos.

—Oigan, diablillos, ¿por qué no van a la cocina y se sirven un helado? Estoy seguro de que hay suficiente para los tres.

Pero James, se cruzó de brazos y lo miró con una expresión seria.

—No. —Su respuesta fue directa, casi desafiante.

Aaron arqueó una ceja, sorprendido.

—¿No?

James negó con la cabeza, frunciendo el ceño.

—No voy a dejar a Grace contigo. La última vez que el abuelo dijo lo mismo, ella estuvo triste todo el día. Y no quiero que la pongas triste tú también.

Emma y Olivia asintieron enérgicamente, respaldando a su hermano.

—Es verdad —dijo Emma.

—Sí, no queremos que esté triste otra vez —añadió Olivia.

Aaron se quedó inmóvil por un momento, procesando lo que acababan de decir. Luego, dirigió una mirada interrogante a Grace, quien suspiró y se inclinó hacia los niños con una sonrisa dulce y maternal.

—Escúchenme, mis amores. El tío Aaron no va a hacerme sentir triste, ¿de acuerdo? —su voz era suave ―Ahora vayan por ese helado o… les hare pastel de espinacas.

―¡Wuacala! ―exclamó Emma.

―¡Yo no quiero eso! ¡Vamos James comamos helados! ―pidió Olivia.

James, sin embargo, seguía sin convencerse. Frunció el ceño aún más y señaló a Aaron con un dedo acusador.

—No la hagas poner triste tío Aaron. Si lo haces, ¡se lo diré a papá!

Grace alzó las cejas atónita, mientras Aaron soltaba una sonrisa y se inclinaba hacia el pequeño.

—Tranquilo, campeón. Prometo que no voy a hacer nada que la ponga triste.

James lo miró fijamente durante unos segundos, evaluándolo como si fuera un adulto atrapado en el cuerpo de un niño. Finalmente, asintió con seriedad.

—Está bien. Pero te estaré vigilando.

Con eso, James tomó de la mano de sus hermanas y los tres se dirigieron hacia la cocina. Aaron los observó alejarse y luego dejó escapar un suspiro mientras se volvía hacia Grace. Se sentó frente a ella, y por un momento, ninguno de los dos dijo nada.

Finalmente, Aaron rompió el silencio.

—El viejo te ofreció dinero, ¿verdad?

Grace bajó la mirada, evitando su pregunta.

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