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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 61

CAPITULO 61- ¿QUÉ CLASE DE HIJA ERES?

Kate cerró la puerta con cuidado, las manecillas del reloj marcaban las 7:15 a.m. Su cabello estaba un desastre, y la ropa arrugada que llevaba era la misma del día anterior. A pesar del evidente cansancio, una leve sonrisa asomaba en su rostro. La noche con Aaron había sido un oasis, un respiro de la rutina asfixiante y las demandas incesantes de su madre.

Pero esa paz no duró mucho.

—¿Se puede saber dónde has estado? —La voz de su madre cortó el aire como un cuchillo, fría, tajante y cargada de reproche.

Kate se quedó inmóvil, como si sus pies se hubieran clavado en el suelo. Giró lentamente la cabeza hacia el sofá, donde su madre la esperaba con los brazos cruzados y una mirada que podía derretir el acero.

—Buenos días, mamá —dijo intentando sonar tranquila, aunque por dentro sentía cómo la ansiedad comenzaba a crecer.

—No me vengas con "buenos días". ¿Sabes lo que hiciste anoche? —La voz de su madre subió un tono, cargada de indignación—. Arruinaste la cita otra vez. ¡Ese hombre era perfecto para ti! Y tú, como siempre, lo echaste a perder.

Kate dejó su bolso sobre la mesa y se giró hacia su madre con los ojos llenos de furia contenida.

—Ese "hombre perfecto" era un imbécil, mamá —dijo, tratando de mantener la calma—. No hizo más que hablar de sí mismo como si fuera el centro del universo, y me trató como si estuviera en una subasta de ganado. Si la cita salió mal, fue porque él era un idiota, no yo.

El rostro de su madre se enrojeció, y sus labios temblaron de rabia.

—¡No me hables así! —gritó —. Siempre tienes una excusa, Kate. Siempre. ¿Sabes cuánto me costó organizar esa cita? ¿Sabes lo importante que era para esta familia?

Kate cerró sus puños con fuerza, pero antes de que pudiera responder, otra voz se unió al conflicto.

—Bueno, al menos no es una sorpresa —comentó Vivian, su hermana menor, entrando al salón con una taza de café en la mano. Su tono era despreocupado, pero la sonrisa burlona en su rostro dejaba claro que estaba disfrutando del espectáculo—. Kate siempre encuentra la manera de arruinar las cosas, ¿verdad?

Kate, apenas la miró de reojo. Sabía que su hermana solo estaba ahí para echar más leña al fuego, pero no iba a darle el gusto. Inspiró profundamente y enfrentó la mirada severa de su madre.

—Mamá, entiendo que necesite casarme, pero no puedes seguir manejando mi vida.

Su madre entrecerró los ojos, y esa sonrisa amarga, casi cruel, apareció en sus labios. Kate sintió un vuelco en el corazón, aunque intentó no mostrarlo.

—¿Manejar tu vida? —repitió su madre, con ironía —. ¿De verdad crees que tienes el lujo de manejar tu vida como si todo estuviera bien? Kate, ¿acaso no entiendes la situación en la que estamos? Estamos al borde de la quiebra. ¿O es que no te importa que esta familia se hunda?

El peso de esas palabras cayó sobre Kate como un martillo, pero no tuvo tiempo de procesarlas. Antes de que pudiera abrir la boca para defenderse, Vivian, soltó un jadeo venenoso.

—Parece que Kate sí está manejando algo… o a alguien —dijo, señalando su cuello—. Porque, no creo que ese hermoso chupetón sea parte de tu plan para salvarnos.

El calor subió de golpe al rostro de Kate. Su mano voló instintivamente hacia su cuello, donde un ardor abrasador confirmaba lo que Vivian acababa de revelar. Un chupetón. Había olvidado cubrirlo. M*****a sea.

Su madre, al darse cuenta de lo que estaba pasando, abrió los ojos como platos.

—¡¿Qué demonios es esto?! —gritó, señalando el cuello de Kate con un dedo acusador—. ¡Un chupetón! ¡¿Esto es lo que haces mientras nosotros pasamos trabajo?! ¡Andas revolcándote con quién sabe quién!

Kate sintió cómo una mezcla de vergüenza y rabia la inundaba. Su madre siempre sabía cómo hacerla sentir pequeña, cómo reducirla a nada con unas pocas palabras. Pero esta vez no iba a quedarse callada.

—¡Mamá, basta! —exclamó —. No puedes seguir entrometiéndote en mi vida. ¡Soy una mujer adulta!

Pero su madre no retrocedió.

—¿Adulta? —repitió con una risa amarga que resonó en toda la sala—. ¿Qué clase de hombre querría casarse con una promiscua?

Esas palabras golpearon a Kate como un puñetazo en el estómago. Su pecho se contrajo, y por un momento le costó respirar.

―¿Crees que puedes darte el lujo de divertirte con hombres? ―continuó implacable la madre ― ¡Estamos al borde de perderlo todo! ¡Todo! Y la única forma de salir de esta ruina es que hagas lo que se espera de ti. ¡Que te cases con alguien! ¿O es que prefieres que terminemos en la calle mientras tú sigues acostándote con hombres?

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