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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 58

CAPITULO 58- QUIERE QUE LO OBEDEZCAS.

En una habitación lujosa de un prestigioso hotel en la ciudad, Kate abrió los ojos lentamente, sintiendo cómo un fuerte dolor de cabeza la golpeaba sin piedad. Parpadeó varias veces, tratando de enfocar su visión. Cuando finalmente lo logró, se encontró rodeada de muebles elegantes y una decoración impecable. Su mente tardó unos segundos en procesar dónde estaba, y entonces, una expresión de sorpresa brotó de sus labios mientras pensaba.

«¡Oh no, no, no, Kate... no hiciste lo que creo que hiciste!»

Con el corazón acelerado, giró el rostro y su mirada se posó en Aaron, quien dormía profundamente a su lado. Incluso en ese estado, él se veía increíblemente atractivo. Su cabello estaba ligeramente desordenado, y su mandíbula marcada irradiaba una masculinidad que parecía casi irreal. Kate sintió cómo su corazón latía con fuerza descontrolada, como si quisiera escapar de su pecho.

«¡Diablos, si! ¡Si lo hiciste Kate!» Pensó mientras sus mejillas se calentaban.

Cerró los ojos al recordar la noche anterior. Había sido... intensa. Por primera vez en su vida, se había sentido liberada. Había pasado años esperando el momento adecuado, la persona adecuada y la noche anterior había sido... mágica.

Sin embargo, la vida tenía un sentido del humor peculiar, porque había terminado entregándose a Aaron, un hombre que representaba todas las banderas rojas posibles. Un playboy consumado, encantador y peligroso, alguien que no encajaba en absoluto con lo que ella había imaginado.

Kate no era ingenua.

Había leído sobre sus escándalos, sus romances fugaces y su fama de hombre inalcanzable. Y ahora, después de esa noche, no podía evitar pensar que seguramente ella no era diferente a las demás.

«Para él, esto debe ser solo una más de sus noches» se dijo, apretando los labios.

Pero para ella… para ella había sido un cambio monumental, un antes y un después. Y eso la hacía sentir vulnerable, expuesta, como si hubiera entregado una parte de sí misma que jamás podría recuperar.

Mientras trataba de procesar sus emociones, un pensamiento incómodo cruzó su mente: su madre. Kate sabía que estaría furiosa, no solo porque no había llegado a casa la noche anterior, sino porque, una vez más, la cita a ciegas había terminado en un desastre.

Suspiró, imaginando el drama que la esperaba en casa. Seguramente el "abogaducho", como ella lo había apodado mentalmente, ya había llamado a su madre para quejarse.

Con cuidado, se deslizó fuera de la cama, tratando de no hacer ruido para no despertarlo. Se vistió rápidamente, con las manos temblorosas, y echó un último vistazo al hombre que seguía profundamente dormido. Por un momento, pensó en lo diferente que podría ser si él no fuera quien era... pero sacudió la cabeza, alejando esa idea.

Salió del hotel antes de que Aaron despertara, con el corazón pesado y la mente llena de dudas. No sabía cómo manejar lo que había sucedido, y lo único que deseaba en ese momento era desaparecer.

Mientras el taxi avanzaba por las calles de la ciudad, Kate cerró los ojos por un momento, intentando calmarse. Pero la imagen de Aaron seguía apareciendo en su mente.

«Solo fue una noche» se dijo a sí misma, como un mantra. «Una noche que no significa nada para él. Y no debería significar nada para mí.»

Pero mientras lo repetía, no podía ignorar la pequeña punzada en su pecho que le decía que, para ella, sí había significado algo. Y eso era lo que más miedo le daba: que, aunque quisiera olvidarlo, no estaba segura de poder hacerlo. Y mientras tanto, en casa, su madre la esperaba, lista para desatar una tormenta.

Mas tarde, Aaron se despertó con una sonrisa en el rostro. Durante unos segundos, creyó que Kate seguía allí. Extendió la mano hacia el lado derecho de la cama y, sin abrir los ojos del todo, murmuró con voz ronca y juguetona:

—Buenos días, preciosa.

Pero la cama estaba vacía, y el lado donde ella había estado acostada la noche anterior ya estaba frío. La sonrisa se desvaneció de su rostro.

―¿Se fue? ―murmuró incorporándose ―¿Por qué?

Se quedó unos instantes mirando a la nada, tratando de procesar el hecho de que ella se había ido. Recordó la noche anterior: las risas, las miradas cómplices y la manera en que ella se habia entregado a el. Todo había fluido tan natural, tan... perfecto.

Se levantó y caminó hacia el enorme ventanal que ofrecía una vista de la ciudad. Y se pasó la mano por el cabello, despeinándolo aún más, mientras intentaba encontrar alguna señal que explicara su partida.

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