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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 57

CAPITULO 57- ZORRA CON LENCERIA.

Mas tarde esa noche, Lucien salió del baño con una toalla atada a las caderas. Las gotas de agua se deslizaban lentamente por su torso desnudo, destacando el tatuaje que cruzaba su costado: un cuervo negro con las alas extendidas, atrapado entre ramas espinosas.

Su mente, sin embargo, estaba en otro lugar.

Las palabras del investigador resonaban una y otra vez en su cabeza, tenía demasiadas preguntas y ninguna respuesta. Pero estaba decidido a encontrarlas.

Apenas dio un paso fuera del baño, se detuvo en seco. Frente a él, junto a la ventana, había una mujer.

No era Grace.

Sus ojos se entrecerraron y su expresión cambió al instante. Su aura se volvió tensa y peligrosa.

—¿Qué m****a haces aquí? —preguntó con frialdad.

Alessia estaba ahí, de pie, con una bata de seda que apenas cubría su figura. Se giró y le sonrió, seductora, y dio un paso hacia él.

—Te estaba esperando —respondió.

Lucien no dijo nada. Solo se quedó ahí su mirada era fría, distante, como si estuviera viendo algo que no le interesaba en absoluto. Alessia, sin inmutarse, continuó.

—Lucien… —su voz bajó un poco, volviéndose un susurro—. Somos prometidos. Y tarde o temprano, esto iba a pasar. ¿Por qué no dejar que sea esta noche?

Con un movimiento calculado, dejó caer la bata al suelo, revelando su cuerpo envuelto en encaje negro. Dio otro paso hacia él, dejando que su perfume lo envolviera.

—Quiero ser tuya —pidió, con la voz cargada de intención—. Quiero demostrarte que puedo satisfacerte. Como la mujer que está destinada a estar a tu lado. Te amo… solo dame una oportunidad…

Él no se movió.

Su mirada le recorrió el cuerpo, pero no con deseo. Había algo mucho más cruel en sus ojos: indiferencia. Y cuando finalmente habló, su voz era baja, pero cada palabra estaba cargada de crueldad.

—¿Esto es lo que crees que necesito? ¿Un espectáculo barato? —dijo, soltando una risa seca —. Si quisiera a una puta, habría ido a un club.

Alessia parpadeó, sorprendida por la dureza de sus palabras, pero no se dio por vencida. Dio otro paso hacia él y levantó una mano temblorosa para tocar su pecho. Y antes de que pudiera hacerlo, Lucien agarró su muñeca con fuerza, deteniéndola. La miró directamente a los ojos, su expresión era tan fría que Alessia sintió un escalofrío.

—¿Oportunidad? ¿Amor? —repitió él, con una burla evidente en su tono—. No me hagas reír, Alessia. Esto no es amor. Esto es desesperación. Una mujer tratando de venderse como una zorra con lencería.

El color desapareció del rostro de Alessia, quien intentó apartar su muñeca, pero él la soltó antes de que pudiera hacerlo, como si tocarla le resultara repulsivo. Ella dio un paso atrás, herida, pero aún con esa determinación en sus ojos.

—Lucien, por favor… No tienes que amarme ahora. Pero podemos construir algo juntos. Puedo…

—¡Basta! —la interrumpió él, esta vez alzando la voz —Alessia, tú lo único que eres es un recordatorio constante de todo lo que odio en mi vida.

Ella lo miró, sus labios temblando. Pero él no había terminado.

—¿De verdad crees que un poco de encaje y un perfume caro van a cambiar algo? ¿Qué voy a olvidarme de quién eres realmente? Un maldito compromiso impuesto. Y lo peor de todo es que ni siquiera tienes la dignidad de aceptarlo. En lugar de eso, te arrastras como una mendiga, rogándome que te toque. Que patética.

Las palabras cayeron sobre Alessia como golpes. Y sus ojos se llenaron de lágrimas, pero intentó mantenerse firme. Su voz tembló cuando intentó responder.

—Yo… yo solo quería…

Lucien dio un paso hacia ella, inclinándose lo suficiente para que sus palabras fueran como un veneno directo a sus oídos.

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