CAPITULO 55- ¿YA LO HAS BESADO?
Aaron giró la cabeza hacia ella, su mandíbula aún tensa, aunque su mirada comenzaba a suavizarse ligeramente.
—Podría preguntarte lo mismo, Kate —dijo con calma, aunque su voz aún tenía un filo de dureza—. Pero primero... ¿estás bien?
Ella asintió, todavía aturdida.
—Sí... creo que sí —murmuró.
Sin decir nada más, Aaron tomó su mano y cruzaron el bar en silencio, hasta que llegaron a una mesa en un rincón más apartado. Aaron le indicó con un gesto que se sentara, y ella lo hizo, aun parpadeando como si tratara de procesar todo.
Aaron llamó al mesero y pidió un par de tragos, luego se recostó ligeramente en su silla, aunque sus hombros seguían tensos. Su mente era un caos.
Había salido de la mansión Stanton después de una discusión con su abuelo. El viejo no tenía límites; lo sabía. Pero hoy habia quedado más que claro. No le importaba nadie, ni siquiera su propia familia, cuando se trataba de alcanzar sus objetivos.
“Grace... “
Aaron quería protegerla, pero eso significaba poner en riesgo a sus padres y el abuelo demostró que sería implacable. Había cometido el error de pensar que no sería importante, que el viejo lo dejaría en paz.
Pero no.
Alaric tenía un plan para cada miembro de la familia, y Aaron no era la excepción. Así que necesitaba aire, tiempo para pensar, y por eso había entrado al primer bar que encontró.
Lo último que esperaba era encontrarse con Kate.
El mesero llegó con las bebidas, interrumpiendo sus pensamientos. Aaron tomó ambos vasos y deslizó uno hacia ella.
—Toma.
Kate lo miró, pero no tocó el vaso.
—¿Ahora me vas a decir qué haces aquí? —preguntó, cruzando los brazos sobre la mesa.
Él tomó un sorbo de su whisky, dejando que el líquido quemara su garganta antes de responder.
—Solo si tú me dices qué haces aquí... —hizo una pausa, dejando que su mirada recorriera su figura de manera descarada—. Vestida así.
Kate arqueó una ceja, claramente irritada y antes de que pudiera responder, Aaron se inclinó un poco hacia ella, con una sonrisa ligera.
—Por cierto... lindas piernas.
El rubor subió rápidamente al rostro de Kate, tiñendo sus mejillas de rojo. Frunció los labios, intentando mantener la compostura, pero sus ojos se desviaron ligeramente, delatándola.
—Ja, ja. Muy gracioso —respondió, con sarcasmo, antes de suspirar—. Está bien, responderé primero. Vine por un trago.
Aaron levantó una ceja, divertido.
—¿Tú? —dijo, con incredulidad fingida—. ¿En un bar? ¿La señorita toda rectitud? ¿No estás arrestando a alguien?
Kate bufó, rodando los ojos.
—Eso fue un favor, ¿ok? Sé que no debí hacerlo, pero Lucien es... —hizo una pausa, buscando las palabras adecuadas—. Insistente.
Aaron la miró fijamente y su expresión cambió. Aunque intentó mantener la calma, algo en sus ojos delataba una chispa de insatisfacción. Por un momento, una idea cruzó su mente, una que no pudo ignorar. ¿Había algo entre Kate y Lucien? ¿Habían tenido una historia? La sola posibilidad lo irritaba más de lo que estaba dispuesto a admitir.
—¿Te has acostado con mi primo? —preguntó de golpe, su fue voz baja, pero cargada de tensión.
Kate lo miró, atónita, como si no pudiera creer lo que acababa de escuchar.
—¿Qué? —preguntó.
Aaron no apartó la mirada, sus ojos siguieron fijos en ella, esperando una respuesta.
―¿Qué si tu y mi primo han tenido sexo?

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