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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 54

CAPITULO 54- ¿QUÉ HACES AQUÍ?

Kate entró al bar con los ojos hinchados y el corazón pesado. El bar estaba lleno, pero para Kate todo parecía una burbuja de ruido distante. Las risas, las conversaciones y la música alta eran solo un eco lejano mientras se dirigía a la barra. Se sentó en un taburete y levantó la mano para llamar al barman.

—Un whisky doble, por favor —pidió.

El primer sorbo quemó, pero esa sensación era exactamente lo que necesitaba. Luego vino el segundo, y con cada trago, el peso en su pecho parecía disminuir, aunque fuera solo un poco. Se quedó mirando el vaso vacío, perdida en sus pensamientos, mientras el ambiente del bar cambiaba a su alrededor.

Y de pronto, notó que alguien la observaba desde el otro extremo de la barra. Era un hombre con una sonrisa torcida y una mirada insistente, se acercó, tambaleándose ligeramente, con el descaro de quien cree que el mundo le pertenece.

—Oye, preciosa, ¿qué hace alguien como tú bebiendo sola? —dijo, apoyando un codo en la barra mientras la miraba de arriba abajo.

Kate apenas levantó la vista. No estaba de humor para lidiar con idiotas.

—No es asunto tuyo —respondió, seca, mientras giraba el vaso vacío entre sus manos.

El hombre rio, ignorando por completo su tono. Sin pedir permiso, tomó el vaso de Kate y lo bebió de un trago, dejando que el cristal golpeara la barra con un ruido sordo.

—¡¿Qué demonios haces?! —exclamó Kate, sorprendida y molesta. Su ceño se frunció mientras lo miraba fijamente.

—Relájate, preciosa —respondió él, inclinándose peligrosamente cerca de ella—. Solo te estoy haciendo un favor. Parece que ya has tenido suficiente.

Ella apretó los dientes, sintiendo cómo la rabia comenzaba a hervir en su interior.

—Escucha, imbécil —escupió amenazante—. No te conozco, no me conoces, y no tienes ningún derecho a decirme qué hacer. Así que aléjate antes de que te arrepientas.

Pero el hombre sonrió, claramente disfrutando de la confrontación. Y cuando intentó colocar una mano en su brazo, Kate reaccionó en un abrir y cerrar de ojos. Con un movimiento rápido y preciso, le torció el brazo, obligándolo a inclinarse hacia adelante y soltar un gruñido de dolor.

―¡Ahhh!

—¿Te duele? —preguntó Kate, con una frialdad que helaría la sangre de cualquiera—. Pues recuerda esta sensación la próxima vez que pienses en tocar a una mujer sin su permiso. Aprende a respetar, o la próxima vez no seré tan amable.

—¡Maldita loca! —gruñó el hombre, forcejeando hasta que logró zafarse. Pero en lugar de retirarse, la empujó con fuerza, haciendo que Kate tropezara y se golpeara contra la barra. El dolor en su espalda fue agudo, pero no tuvo tiempo de reaccionar antes de que el hombre levantara la mano, claramente dispuesto a abofetearla.

De repente, una voz fría y amenazante resonó detrás de él.

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