CAPITULO 49- YO PEDÍ UNO VERDE.
Grace estaba en su habitación, rodeada por una pila de vestidos esparcidos sobre la cama. Frente a ella colgaba uno en particular, un vestido rosa que solía ser su favorito. Lo sostuvo frente al espejo, evaluándolo con ojos críticos. El desgaste era evidente, y un pequeño roto justo en la parte delantera le arrancó un suspiro.
—Bueno... —murmuró, más para sí misma que para nadie más—. Solo necesita un pequeño remiendo. Apenas se notará.
Sabía que no era cierto, pero prefirió convencerse. En el fondo, no era solo el vestido lo que añoraba; extrañaba ser aquella mujer que podía usar ropa hermosa y elegante sin preocuparse por el costo o el qué dirán. Pero ella ya no era esa mujer, sin más dejó el vestido sobre la cama y empezó a buscar su caja de agujas, pero un toque en la puerta la interrumpió.
Al abrir, uno de los chicos de seguridad estaba ahí, cargando un par de cajas de cartón.
—Llegó esto para ti, Grace.
—¿Para mí? —preguntó, sorprendida, mientras observaba las cajas.
—Sí, los de la tienda dijeron que son para ti. Mira, tiene tu nombre en la tarjeta.
Los ojos de Grace se abrieron más.
—Pero debe haber un error... yo no pedí nada. ¿Seguro que es mío?
—Ya te dije que sí —replicó el hombre, con una sonrisa de cansancio—. Mejor agárralo, o el jefe de seguridad me regañará.
Grace tomó las cajas y cerró la puerta con ellas en brazos. Colocándolas sobre la mesa, agarró la tarjeta y leyó la elegante caligrafía:
"Para tí, porque este color es tan hermoso como tú. Espero que lo uses y brilles como mereces."
Su corazón dio un vuelco. ¿Qué mujer no se alegraría por recibir un regalo así? Sin embargo, la duda la asaltó de inmediato: ¿quién lo había enviado? Sin saber porque, pensó en Lucien y, por un momento, su emoción creció. Pero así como llego, rápidamente desechó la idea.
—No. Él no se molestaría en hacer algo así —dijo en voz baja, casi como si necesitara convencerse.
Suspiro y fue hacia la cama y dejó las cajas, no quería abrirlas, pero la curiosidad la venció. Sin esperar más abrió la caja más grande y contuvo la respiración. Un vestido rojo, elegante y perfecto, estaba doblado con esmero.
—¡Santo Dios, es un Chanel! —exclamó, sacándolo y dejando que la costosa tela acariciara sus dedos.
No pudo evitar colocárselo encima del vestido viejo y caminar hacia el espejo y mirarse. Y antes de darse cuenta, estaba sonriendo.
—Es tan hermoso... —susurró.
Y por un momento recordó esa vida, lo que algún día habia sido y poco a poco sus ojos se humedecieron. Pero se esforzó por contenerlas. Y queriendo saber más revisó las demás cajas y encontró un par de sandalias que combinaban a la perfección con el vestido.
―¡OMG!
Pero luego vio que había una caja más pequeña. La abrió con ansias, y tan pronto lo hizo, sus ojos se abrieron como platos al ver lo que contenía: era un conjunto de lencería roja, sensual y refinada.
Las mejillas de Grace se encendieron.
—No, aquí debe haber un error... —murmuró ―Todo esto… cuesta mucho y no creo que se hayan equivocado, ¿verdad?
De pronto pensó en Aaron.

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