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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 48

CAPÍTULO 48- TOMAR EL RIESGO.

Grace soltó una pequeña risa, más de incredulidad como si intentara protegerse de la absurda idea que acababa de escuchar.

—¿Tu novia? ¿Te volviste loco?

Aaron suspiró, apoyando los codos en la mesa y entrelazando las manos frente a su rostro.

—Piensa en esto. Si el abuelo cree que estamos juntos, no sospechará que planeas escapar con los niños. Él me tiene confianza, Grace. No demasiada, pero suficiente como para no vigilarme.

Grace lo miró fijamente, tratando de encontrar algún indicio de que estaba bromeando. Pero no lo estaba.

—Aaron, esto es una locura.

—Todo esto ya es una locura. —Él se encogió de hombros, aceptando la naturaleza absurda de la situación—. Pero es la única manera de ganar tiempo.

Ella se quedó en silencio, procesando todo. La idea era tan descabellada que casi sonaba lógica. Pero al mismo tiempo, sabía que aceptar algo así complicaría todo aún más. Además, no podía ignorar la pregunta que rondaba en su mente: ¿por qué él pondría en riesgo todo por ella?

—¿Por qué harías algo así por mí? —cuestionó, con un tono que oscilaba entre la desconfianza y la confusión—. Apenas me conoces, Aaron. Esto no tiene sentido.

―Porque quiero, ayudarte Grace ya te lo dije —Las palabras salieron de su boca con intensidad—. Nadie debe pasar por lo que tú pasaste, así que deja que te ayude ¿de acuerdo? Además, los trillizos merecen estar con su madre y no creer que está muerta, eso... es demasiado cruel. Y a parte tener de madrastra a Alessia es inhumano. No, como su tío, es mi deber velar por su felicidad y tu... eres eso, su felicidad.

El silencio que siguió fue pesado, cargado de emociones que Grace no sabía manejar.

—Aaron... —ella murmuró, sabiendo que todo estaba mal —. No puedo dejar que hagas eso. Es…

Él sonrió y fue una sonrisa calmada.

—No es tu decisión, Grace. Es la mía.

―Si, pero… es… es demasiado y…

—He visto lo que haces por ellos. Cómo luchas. Y no puedo quedarme de brazos cruzados mientras cargas con todo sola. No es justo.

—Pero Aaron…

—Es la única forma. —La interrumpió con un tono decidido—. Si el abuelo descubre que estoy de tu lado, me desheredará. Pero eso no importa. Lo único que me importa es que tú y los trillizos estén a salvo.

Grace sintió un nudo en el pecho. Por un momento, no supo qué decir. La idea de que alguien estuviera dispuesto a sacrificar tanto por ella era abrumadora.

―Aaron, si haces esto, no habrá vuelta atrás. No solo estarás traicionando a tu familia, Aaron. Te estarás condenando.

El asintió lentamente, como si ya hubiera aceptado ese destino mucho antes de pronunciarlo en voz alta.

—Lo sé. Pero deja que sea yo quien tome el riesgo.

[*]

Finalmente, faltaba solo un día para los preparativos de la fiesta de cumpleaños del abuelo. Grace estaba en la habitación de los trillizos, sentada en una pequeña silla mientras peinaba con cuidado el cabello de Olivia. La niña miraba fijamente el espejo mientras su madre le hacía una trenza. Emma y James estaban sentados en la alfombra, jugando con unos bloques, aunque claramente tramaban algo.

—Niños —dijo Grace con voz dulce, pero firme, mirando a Emma y James por el espejo—. Mañana es un día muy especial para el abuelo. Y quiero que sean buenos niños, ¿de acuerdo? Nada de travesuras, nada de correr por todos lados, y sobre todo, nada de esconderse debajo de las mesas.

Emma asintió rápidamente, con una sonrisa angelical que no engañaba a nadie. Olivia, más seria, también asintió, mientras Grace terminaba de arreglar su cabello. Pero James, con su ceño fruncido y los brazos cruzados, dejó escapar un suspiro exagerado.

—¡Pero las fiestas del abuelo son aburridísimas! —protestó, haciendo un puchero—. Siempre hay señoras que me agarran los cachetes y dicen: "¡Qué niño tan guapo!¡Parece un príncipe! ¡Es horrible! ¡Me siento como un peluche!

Grace y la señora Hargrove, que acababa de entrar con una bandeja de ropa limpia, soltaron una carcajada. Grace se acercó a James y le revolvió el cabello con cariño.

—Eso es porque eres extremadamente guapo, mi amor —le dijo con una sonrisa.

James, con una seriedad que no correspondía a su edad, negó con la cabeza.

—No quiero ser guapo. Por eso no voy a tener novia nunca. Las mujeres son demasiado complicadas.

Grace y la señora Hargrove se miraron, sorprendidas, mientras trataban de contener la risa. Olivia y Emma, por su parte, suspiraron al mismo tiempo.

—Yo sí quiero un príncipe azul —dijo Emma, abrazando un peluche con una expresión soñadora—. Como Erick, el de La Sirenita. Es perfecto porque tiene un barco gigante, canta bonito y cuida a sus amigos. Además, es súper guapo.

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