CAPÍTULO 47- TIEMPO PARA HUIR.
Aaron alzó las cejas, sorprendido. Y por un momento, no supo qué decir.
—Son mis hijos, Aaron. —continuó ella buscando justificar su decisión —. Me los arrebataron sin piedad. Yo... soy su madre biológica y no es justo que ellos crean que estoy muerta, así que voy a decir la verdad.
Grace tomó su taza de café y bebió un sorbo, intentando calmar el temblor en sus manos. Sus ojos evitaban los de Aaron, como si temiera encontrar allí juicio o rechazo.
—Sé que es arriesgado, pero... es lo único que puedo hacer.
Aaron la escuchó en silencio, procesando cada palabra. Podía ver el dolor en sus ojos y la determinación en su postura. Comprendía lo que ella sentía y que tenía razón. Pero también sabía que lo que Grace planeaba era peligroso. La familia Stanton no se quedaría de brazos cruzados. Y el castigo... sobre todo el del abuelo, sería implacable.
—Grace... —dijo finalmente, tomando su mano otra vez—. Créeme, te entiendo. Pero... lo que piensas hacer es muy arriesgado.
Ella lo miró, sus ojos brillando con una mezcla de frustración y miedo.
—Lo sé. ¿Crees que no lo he pensado? Pero ¿qué otra opción tengo? Además, Lucien va a casarse con esa...
Grace hizo una pausa, apretando los labios con desagrado. El solo pensar en Alessia le revolvía el estómago.
—Esa mujer —dijo finalmente —. Ella no quiere a mis hijos. Y no voy a quedarme de brazos cruzados viendo cómo son condenados a una vida de sufrimiento.
Aaron suspiró profundamente, pasando una mano por su cabello.
—Tienes razón en todo —admitió —. Pero escúchame... No sé cuánto sabes sobre nuestra familia, pero no somos una familia típica, Grace.
Hizo una pausa como si lo que fuera a decir lo cambiara todo.
—No somos los Weasley, ¿sabes? La familia mágica más cálida y unida de "Harry Potter".
Grace lo miró confundida por un instante, por la mención de algo tan mundano en medio de una conversación tan seria. Aaron suspiró antes de continuar.
—Somos una familia de mafiosos.
Grace apretó la taza entre sus manos, sintiendo el calor del café filtrarse a través de la porcelana. No estaba sorprendida, no del todo. La señora Hargrove, ya le había dicho en el pasado. Pero escucharlo de Aaron, de alguien que conocía de primera mano cómo funcionaban los Stanton, hacía que la realidad pesara aún más sobre sus hombros. Sin embargo estaba decidida.
Ante su silencio Aaron la miro confundido.

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